Intérprete: El Personal.
Disco: No me hallo.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
nos divertimos como chinos.
Hay que acabar con esta Tierra,
desde la playa hasta la sierra.
Hay que acabar con el ambiente,
para que vean lo que se siente, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como hermanos.
Nosotros somos los cochinos,
Nos divertimos como primos.
Hay que acabar con las especies,
con las aves y con los peces.
Que ya no quede nada vivo,
el bosque es nuestro enemigo, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
proliferamos como chinos.
Hay que acabar con el reino animal
y con la flora intestinal.
Hay que ponernos Odorono,
para acabar con el ozono, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
nos divertimos como chinos.
Hay que llenar el mar de orines,
para acabar con los delfines.
Hay que lavar con detergente,
para que se muera la gente, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nosotros somos los cochinos,
Nosotros somos los marranos,
nosotros somos los cochinos.
Hay que acabar con esta Tierra,
desde la playa hasta la sierra.
Hay que acabar con el ambiente,
para que vean lo que se siente, ay, ay, ay, ay.
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
nos divertimos como chinos.
Hay que acabar con esta Tierra,
desde la playa hasta la sierra.
Hay que acabar con el ambiente,
para que vean lo que se siente, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como hermanos.
Nosotros somos los cochinos,
Nos divertimos como primos.
Hay que acabar con las especies,
con las aves y con los peces.
Que ya no quede nada vivo,
el bosque es nuestro enemigo, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
proliferamos como chinos.
Hay que acabar con el reino animal
y con la flora intestinal.
Hay que ponernos Odorono,
para acabar con el ozono, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nos divertimos como enanos.
Nosotros somos los cochinos,
nos divertimos como chinos.
Hay que llenar el mar de orines,
para acabar con los delfines.
Hay que lavar con detergente,
para que se muera la gente, ay, ay, ay, ay.
Nosotros somos los marranos,
nosotros somos los cochinos,
Nosotros somos los marranos,
nosotros somos los cochinos.
Hay que acabar con esta Tierra,
desde la playa hasta la sierra.
Hay que acabar con el ambiente,
para que vean lo que se siente, ay, ay, ay, ay.

Siempre resulta complicado sopesar el humor cuando se trata de hacer comparaciones como las de este blog. Lo serio y lo cómico parecen incomparables. Lo humorístico siempre parte con una desventaja: la de sonar a intrascendencia. Si uno piensa en otras ramas del arte, resulta claro. Por ejemplo, muy rara vez una comedia gana un Oscar a mejor película. Lo curioso es que muchas grandes obras han sido esencialmente humorísticas, al menos en gran parte. En literatura podemos ejemplificar esto con el Quijote, con el Ulises de Joyce, y ni hablar de obras como el Gargantúa de Rabelais. Y sin embrago, sigue pasando: lo humorístico sigue subvalorado. En esta lista también pasó: varias canciones humorísticas fueron perdiendo lugares, hasta quedar fuera. Pero ni modo, el procedimiento así lo dictaminó, y como ya se explicó, se respeta.
Uno de los casos (sí los hay, a pesar de todo) en que el humor sobrevivió a la competencia, es esta canción de El Personal. Todo un experto en ligar rima tras rima, el desparecido Julio Haro desarrolla esta ironía sobre la inconsciencia ecológica. Asumiendo por un segundo la parte “marrana” que todos tenemos, pero que, asimismo, negamos, las estrofas abren las compuertas de nuestro verdadero comportamiento. ¿De veras nosotros NO somos los marranos? ¿De veras es siempre OTRO el culpable de la agonía del planeta? ¿De veras ese “LOS OTROS” no es realmente un “NOSOTROS”? A través de un reggae muy propio de su estilo, El Personal parece restregarnos la respuesta con una sonrisita en los labios, que significa simple y llanamente “a mí no me engañas, marrano”. Obviamente la ironía es la figura retórica fundamental de la rola. Pero al final los versos arman otra: el retrato, pero satírico, esperpéntico, a la manera de Valle-Inclán, y también de las rolas que son sus parientes cercanas: El contaminador de Naftalina y Cof, cof de Héctor Cruz (Ya nadie respira de MCC muestra la visión seria del tema). Este tono satírico, sumado a las impecables rimas de Haro, el ejemplo máximo de versificación del rock mexicano, le dan a Nosotros somos los marranos un aire muy cercano a la picaresca medieval, renacentista y aun posterior, como El Lazarillo de Tormes, El Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi, Rinconete y cortadillo de Cervantes, etc. Pero si el pícaro tradicional es siempre producto de su medio marginal, y la motivación única de su comportamiento es la necesidad de sobrevivir, en el caso de Nosotros somos los marranos no hay excusa: es la simple y llana inconsciencia, el egoísmo más bruto. Y lo peor de todo: las continuas palizas que el pícaro tradicional experimenta, en el caso de la canción de El Personal se vuelven impunidad absoluta, y que no se detiene nunca. El justo y doloroso sello de nuestro tiempo. De ahí que, por más risa que provoque el ingenio de la rola, hay una amargura muy tenue escondida, que queda en manos del escucha dimensionar.
Como dije, Nosotros somos los marranos es un reggae típico de El Personal. El arreglo es absolutamente distintivo de su estilo, con unos teclados que suenan más a melódica (si no es que de hecho lo es) que a sintetizador, y con una sección de ritmos casi caribeña, rica y jocosa (que no se pierde ni en los temas más “serios”, como No me hallo). La voz de Julio Haro, como siempre, es un juego de graves divertidos, y síncopas saltarinas, que aquí cumplen perfectamente su función humorística.
De esta manera, pese a que su sentido es quizá de los más transparentes de la lista, Nosotros somos los marranos posee agudeza y talento estilístico más que meritorios.
Uno de los casos (sí los hay, a pesar de todo) en que el humor sobrevivió a la competencia, es esta canción de El Personal. Todo un experto en ligar rima tras rima, el desparecido Julio Haro desarrolla esta ironía sobre la inconsciencia ecológica. Asumiendo por un segundo la parte “marrana” que todos tenemos, pero que, asimismo, negamos, las estrofas abren las compuertas de nuestro verdadero comportamiento. ¿De veras nosotros NO somos los marranos? ¿De veras es siempre OTRO el culpable de la agonía del planeta? ¿De veras ese “LOS OTROS” no es realmente un “NOSOTROS”? A través de un reggae muy propio de su estilo, El Personal parece restregarnos la respuesta con una sonrisita en los labios, que significa simple y llanamente “a mí no me engañas, marrano”. Obviamente la ironía es la figura retórica fundamental de la rola. Pero al final los versos arman otra: el retrato, pero satírico, esperpéntico, a la manera de Valle-Inclán, y también de las rolas que son sus parientes cercanas: El contaminador de Naftalina y Cof, cof de Héctor Cruz (Ya nadie respira de MCC muestra la visión seria del tema). Este tono satírico, sumado a las impecables rimas de Haro, el ejemplo máximo de versificación del rock mexicano, le dan a Nosotros somos los marranos un aire muy cercano a la picaresca medieval, renacentista y aun posterior, como El Lazarillo de Tormes, El Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi, Rinconete y cortadillo de Cervantes, etc. Pero si el pícaro tradicional es siempre producto de su medio marginal, y la motivación única de su comportamiento es la necesidad de sobrevivir, en el caso de Nosotros somos los marranos no hay excusa: es la simple y llana inconsciencia, el egoísmo más bruto. Y lo peor de todo: las continuas palizas que el pícaro tradicional experimenta, en el caso de la canción de El Personal se vuelven impunidad absoluta, y que no se detiene nunca. El justo y doloroso sello de nuestro tiempo. De ahí que, por más risa que provoque el ingenio de la rola, hay una amargura muy tenue escondida, que queda en manos del escucha dimensionar.
Como dije, Nosotros somos los marranos es un reggae típico de El Personal. El arreglo es absolutamente distintivo de su estilo, con unos teclados que suenan más a melódica (si no es que de hecho lo es) que a sintetizador, y con una sección de ritmos casi caribeña, rica y jocosa (que no se pierde ni en los temas más “serios”, como No me hallo). La voz de Julio Haro, como siempre, es un juego de graves divertidos, y síncopas saltarinas, que aquí cumplen perfectamente su función humorística.
De esta manera, pese a que su sentido es quizá de los más transparentes de la lista, Nosotros somos los marranos posee agudeza y talento estilístico más que meritorios.









