Letra: José Cruz.
Música: Real de Catorce.
Intérprete: Real de Catorce.
Disco: Real de Catorce.
Música: Real de Catorce.
Intérprete: Real de Catorce.
Disco: Real de Catorce.
En una de las calles
más lejanas del sueño
—la más confusa y apagada—,
donde las sombras se erizan
y los miedos se palpan,
hay un rincón de café.
Sorbiendo a tragos el olvido,
trazando penas de papel,
borrando nombres y apellidos,
está un cadáver de mujer.
Bailando con fantasmas
vestidos de negro,
vendiendo el sexo a placer,
fumando la absurda
tonada de un necio,
rompiendo bocas de un revés.
Tejiendo —muerta— telarañas,
guardando lutos por hacer,
odiando el llanto de una virgen,
está un cadáver de mujer.
Tejiendo —muerta— telarañas,
guardando lutos por hacer,
odiando el llanto de una virgen,
está un cadáver de mujer.
Con más de un siglo después…
más lejanas del sueño
—la más confusa y apagada—,
donde las sombras se erizan
y los miedos se palpan,
hay un rincón de café.
Sorbiendo a tragos el olvido,
trazando penas de papel,
borrando nombres y apellidos,
está un cadáver de mujer.
Bailando con fantasmas
vestidos de negro,
vendiendo el sexo a placer,
fumando la absurda
tonada de un necio,
rompiendo bocas de un revés.
Tejiendo —muerta— telarañas,
guardando lutos por hacer,
odiando el llanto de una virgen,
está un cadáver de mujer.
Tejiendo —muerta— telarañas,
guardando lutos por hacer,
odiando el llanto de una virgen,
está un cadáver de mujer.
Con más de un siglo después…

José Cruz, sin duda el armoniquero más impactante de la historia del rock mexicano, pero también gran cantante, guitarrista y compositor, ha vuelto una y otra vez sobre el tema de esta canción: el arrabal y sus criaturas. Como una especie de actualización rocanrolera del Agustín Lara de Aventurera o Los Panchos de Amor de la calle y Perdida, Real de Catorce nos introduce en la luz roja, la madrugada humeante y los despojos del lupanar y sus callejones, verdaderos nidos de parias, como la mujer de este blues desgarrado. Despojo humano, derrota con medias raídas, tos seca de cigarrillo y bilé corrido, todo eso es este “cadáver de mujer”. No le queda nada, y justo por eso hay que cantarle, que trovarle metáforas osadas como manos bajo la falda, porque José Cruz nos hace ver la nueva Dulcinea que se esconde tras esa nueva Aldonza pintarrajeada de rímel y agonía. Porque no es tan diferente a nosotros, que de una manera u otra, somos también despojos de nuestro tiempo.
La música de esta rola es uno de los blueses más clásicos y deliciosos de la historia del rock mexicano, con sus urgentes solos de guitarra y armónica, que son un auténtico alivio para el alma. Y la voz de José Cruz muestra un inmejorable nivel, un gran control del vibrato y los juegos de los cambios tonales, que hacen de Paria’s blues una obra cumbre de este género, generalmente fallido en México, pero con excepciones tan honrosas como esta canción, a la altura del mejor blues negro clásico.
La música de esta rola es uno de los blueses más clásicos y deliciosos de la historia del rock mexicano, con sus urgentes solos de guitarra y armónica, que son un auténtico alivio para el alma. Y la voz de José Cruz muestra un inmejorable nivel, un gran control del vibrato y los juegos de los cambios tonales, que hacen de Paria’s blues una obra cumbre de este género, generalmente fallido en México, pero con excepciones tan honrosas como esta canción, a la altura del mejor blues negro clásico.

