Letra, música e intérprete: Rodrigo González, Rockdrigo.
Disco: El profeta del nopal.
También Nina Galindo grabó una versión para el disco de homenaje a Rockdrigo, llamado A ver cuándo vas…, grabado por varios músicos del movimiento rupestre.
Disco: El profeta del nopal.
También Nina Galindo grabó una versión para el disco de homenaje a Rockdrigo, llamado A ver cuándo vas…, grabado por varios músicos del movimiento rupestre.
Ella estaba sentada
en un jardín de sopor;
sentada sobre la nada,
viendo fantasmas de amor,
con los dedos amarillos
por los cigarrillos
y excesos de ron.
Cruzan mi mente solares,
solares baldíos de amor.
Ella se mece en su hamaca,
enredada en el tiempo,
con la mirada ya flaca
por quien nunca regresó.
Dicen los niños que juegan
a ver quién atina a los vasos de ron.
Cruzan mi mente solares,
solares baldíos de amor.
Es un cometa la imagen,
es un mapa de vapor.
“Voy por cigarros”, le dijo,
se puso el sombrero y jamás regresó.
“¡Ya no arañe las nubes!”,
le recetó algún doctor,
pero ella estruja lugares
que dan a solares
baldíos de amor.
Fue a sacudir al tendero,
al policía y al dolor,
pero de aquel paradero
sólo silencio encontró.
Los días eran sospechas
de algún enemigo con el odio a flor.
Eran su vida solares,
solares baldíos de amor.
Supo de alguien que sabía
adivinar el color,
y en un teléfono viejo
ella escupió su dolor.
“Miles de gentes perdidas”,
le dijo un lejano interlocutor.
Eran su vida solares,
solares baldíos de amor.
Es un cometa la imagen,
es un mapa de vapor.
“Voy por cigarros”, le dijo,
se puso el sombrero y jamás regresó.
“¡Ya no arañe las nubes!”,
le recetó algún doctor,
pero ella estruja lugares
que dan a solares
baldíos de amor.
Solares baldíos,
baldíos de amor.
Solares baldíos.
en un jardín de sopor;
sentada sobre la nada,
viendo fantasmas de amor,
con los dedos amarillos
por los cigarrillos
y excesos de ron.
Cruzan mi mente solares,
solares baldíos de amor.
Ella se mece en su hamaca,
enredada en el tiempo,
con la mirada ya flaca
por quien nunca regresó.
Dicen los niños que juegan
a ver quién atina a los vasos de ron.
Cruzan mi mente solares,
solares baldíos de amor.
Es un cometa la imagen,
es un mapa de vapor.
“Voy por cigarros”, le dijo,
se puso el sombrero y jamás regresó.
“¡Ya no arañe las nubes!”,
le recetó algún doctor,
pero ella estruja lugares
que dan a solares
baldíos de amor.
Fue a sacudir al tendero,
al policía y al dolor,
pero de aquel paradero
sólo silencio encontró.
Los días eran sospechas
de algún enemigo con el odio a flor.
Eran su vida solares,
solares baldíos de amor.
Supo de alguien que sabía
adivinar el color,
y en un teléfono viejo
ella escupió su dolor.
“Miles de gentes perdidas”,
le dijo un lejano interlocutor.
Eran su vida solares,
solares baldíos de amor.
Es un cometa la imagen,
es un mapa de vapor.
“Voy por cigarros”, le dijo,
se puso el sombrero y jamás regresó.
“¡Ya no arañe las nubes!”,
le recetó algún doctor,
pero ella estruja lugares
que dan a solares
baldíos de amor.
Solares baldíos,
baldíos de amor.
Solares baldíos.

En las entrevistas y conciertos que tuvo en vida, Rockdrigo siempre dividía sus canciones entre “urbanas” y “humanas”. Así, el humor era su característica, pero no la única. Solares baldíos lo demuestra. Una vez más, como tantas, se narra una historia (o una hurbanistoria, como propuso ortográficamente Rockdrigo); en este caso, la de la mujer abandonada, pero sin explicación, sin que se sepa el destino de la pareja, que sólo desapareció (Jaime López retomó el tema recientemente, en su rola Por cigarros a Hong Kong, grabada en el disco Nordaka junto a Eulalio González Piporro). La angustia y las miserables esperanzas resultantes llenan la vida de la abandonada, pero la llenan de vacío realmente, y la paradoja consume el alma, los nervios y los años de la mujer. Todas esas emociones las refleja poéticamente la letra, con imágenes muy ricas y modernas (como las metáforas “jardín de sopor”, “mapa de vapor” y obviamente “solares baldíos de amor”, y las prosopopeyas “escupió su dolor” y “estruja lugares”, además de adjetivaciones y comparaciones). De esta manera, la verdadera división de las canciones de Rockdrigo tiene más que ver con la elección entre complejidad formal (como en Rock en vivo, Tiempo de híbridos y Solares baldíos), o un lenguaje más directo, de impacto inmediato (como en Oh, yo no sé, El feo o Asalto chido). Obviamente muchas veces coincide esta división con la diferencia entre canciones de humor y más serias, pero no en todos los casos. Pero como sea, Solares baldíos es una de las canciones donde Rockdrigo explora más los límites estilísticos, sin que ello impida que logre un fondo profundo, y una delicadeza muy lograda ante la tragedia cotidiana, absurda y aplastante de la protagonista. Una verdadera pieza de empatía, la rola resulta conmovedora, y la desesperación y la soledad que se vuelven alcoholismo se reflejan sin obviedades sensibleras, en aras de un tratamiento mucho más profundo.
La música es una pieza clásica de rock rupestre, donde la guitarra sola tiene que encargarse de llenar lo que un arreglo más elaborado, eléctrico y con recursos de estudio, facilitaría. Rodrigo González suple esta carencia muy eficientemente, con cambios de ritmo y énfasis, con punteos y viajes de lo más agudo a lo grave, del arpegio al golpe de guitarra, y todo esto ajusta la concordancia con las complejidades emocionales del personaje principal de la letra. Una de las grandes del Rockdrigo.
La música es una pieza clásica de rock rupestre, donde la guitarra sola tiene que encargarse de llenar lo que un arreglo más elaborado, eléctrico y con recursos de estudio, facilitaría. Rodrigo González suple esta carencia muy eficientemente, con cambios de ritmo y énfasis, con punteos y viajes de lo más agudo a lo grave, del arpegio al golpe de guitarra, y todo esto ajusta la concordancia con las complejidades emocionales del personaje principal de la letra. Una de las grandes del Rockdrigo.






