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martes, 18 de mayo de 2010

9. EXILIADO CELESTE

Letra, música e intérprete: Arturo Meza.
Disco: Sin título.



Puedo recorrer mil caminos sin cansarme,
hasta encontrar el mar, no mi mar.
Puedo navegar los mares de las huestes,
sin perder la fe en mi sed.
Puedo contar historias a los locos,
y hacerlos sonreír y llorar.
Puedo construirles un barco con pergamino,
e irnos a viajar al infierno.

Solamente en las noches de invierno
resiento en mi pecho la soledad
de este exilio de muertos inquietos y ebrios.
Ni una mujer podría calentar mi lecho,
ni hacerme cantar la esperanza,
la esperanza de volver a mi hogar.

Puedo cortar mil cabezas de Medusa,
o al Trimedrón ahorcar en su red,
pero no encuentro la ruta de regreso
que me lleve al sol, nuestro sol.
Busco el silencio en la noche para hablar con él,
pero su voz no está en mis sueños.
Mi Pegaso está herido, y sus alas
no podrían soportar mi abandono.

Solamente en las noches de invierno
resiento en mi pecho la soledad
de este exilio de muertos inquietos y ebrios.
Ni una mujer podría calentar mi lecho,
ni hacerme cantar la esperanza,
la esperanza de volver a mi hogar.

Los sótanos del averno están vacíos;
el guardián dejó su puesto.
Las criaturas del Leteo se han marchado
a poblar la falsa luz de la Tierra.
La barca de Caronte está perdida,
en el fondo del Estigio, calcinada.
Puedo decirme dueño de estas tierras…
¿Acaso construiré aquí mi pueblo?
¿Acaso construiré aquí mi pueblo?
¿Acaso construiré aquí mi pueblo?


El arte moderno es, sin duda alguna, un arte de fusiones. A partir de las vanguardias, se han creado diferentes maneras de combinar estilos, técnicas, materiales, texturas, sonidos, etc. El collage, la instalación, el performance, el happening, la polifonía, la toma fija, etc., son búsquedas en ese sentido, no sólo para renovar e innovar estilísticamente, sino para crear efectos, sensaciones y emociones diferentes. Y también se han dado fusiones entre estilos o épocas, y aun entre ramas del arte. Y si bien esto se ha hecho desde hace mucho tiempo (¿qué es la ópera, sino la fusión de música, teatro y a veces hasta danza, por ejemplo?), el arte moderno lo ha hecho en formas más ambiciosas, complejas, incluso límites, como lo muestra el Dadaísmo o la obra de Marcel Duchamp. En literatura, sobresalen la fusión entre las referencias de la mitología y el análisis del hombre moderno en el Ulises de Joyce, o la del terror y la filosofía y antropología en Frankenstein de Mary Shelley, o la extraordinaria mezcla de novela policiaca y medieval en El nombre de la rosa de Umberto Eco, o la de novela ontológica y también medieval en El caballero inexistente de Ítalo Calvino, o la novela filosófico-antropológica con la de ciencia-ficción en El planeta de los simios de Pierre Boulle, e incluso en La naranja mecánica de Anthony Burguess.
Pero el rock no ha sido muy dado a las fusiones en sus letras (pese a que, de hecho, musicalmente el rock’n’roll es justo eso, una fusión, entre el blues, el rockabilly y country, el jazz, la música folklórica, etc.). La única excepción sería el heavy metal, con su mitología de ángeles, calaveras, infiernos y demonios, pero de manera burda, ingenua, y en el fondo, profundamente inofensiva, por limitada y torpe, justo al contrario de lo que se cree. El progresivo lo ha hecho sobre todo con la música futurista, pero casi siempre es a nivel del arreglo, la melodía y los recursos de estudio. Por todo esto, Exiliado celeste de Arturo Meza es una pieza tan excepcional. De una manera muy inteligente e ingeniosa, Meza logra fundir la mitología griega con la futurista, en un relato épico, sin par en el rock mexicano. El protagonista, una especie de Odiseo estelar buscando su planeta Ítaca, recorre el espacio y los diferentes mundos, mientras se topa con seres mitológicos, en la búsqueda desesperada de su hogar perdido, o como sugiere el final, para fundar uno nuevo, al fin propio. Esta auténtica odisea, que recuerda ciertas canciones de David Bowie, como Space oddity, Starman y todo el disco Ziggy Stardust, la relata Meza con una imaginación y una inteligencia agudísimas, además de un conocimiento realmente notable. La frustración, la impotencia, la inmensa soledad del protagonista, todas sus emociones están enmarcadas por esta forma enormemente novedosa, que juega no sólo con la epopeya, sino con el relato fantástico y la lírica más trabajada, que evoca también al Borges de cuentos como El inmortal o La casa de Asterión. De este modo, Arturo Meza une las figuras retóricas con las referencias clásicas y espaciales, en un amasijo emocional, triste, solitario y a la vez impactante, muy original, que simboliza mucho más allá de lo que tal preocupación formal sugiere: es el destino del ser humano moderno y tecnologizado, perdido, sin raíz; la inconexión con el prójimo, la gran soledad, tal como significan los dos Ulises, el de Homero de La Odisea, y el vanguardista de la obra de Joyce. De este modo, a través de un lenguaje único, de una precisión sin igual, Meza hace de Exiliado celeste un auténtico poema épico, el único del rock mexicano. Sin lugar a dudas una de las letras más extraordinarias del rock en México, culta, artística, pero a la vez muy sentida, conmovedora, por el gran conflicto existencial que su simbolismo guarda, connota.
Para una letra de tal nivel, era necesaria una música a la misma altura, y Arturo Meza la consigue, en buena parte gracias a su pasado experimental, de etnorrock, música barroco-renacentista-medieval y progresivo, que le permitió crear y ejecutar una música y un arreglo muy poderosos, atmosféricos. Decide introducir la pieza con la guitarra electroacústica, para incorporar de inmediato los sintetizadores, campanas, además de los instrumentos inventados por el mismo, como el teclaedro y el mezáfono, que ha utilizado en toda su obra. Hay que escuchar atentamente el arreglo de Exiliado celeste para asimilar la conjunción de sonidos, de fondos, de timbres que crean ese ambiente espacial, pero no puro, sino con tintes del folk, la música celta, renacentista y del Medioevo, en una mezcla que se corresponde perfectamente con la de la letra. El estribillo emotivo, con la voz más grave y profunda de Meza, los sonidos un tanto fantasmales que lo matizan, la figura principal, que evoca las trompetas (o más bien cornetas) de castillo medieval, y la guitarra limpísima que sostiene todo, arman una estructura sonora fastuosa, melancólica y angustiante. Al final, todo se une con mayor énfasis, apuntalado por unos timbales de música clásica, enormemente poderosos, mientras los sintetizadores aumentan las notas, incluyendo un solo más notorio, libre. Así, el cierre de Exiliado celeste impacta, tiene algo majestuoso, al estilo de la Obertura 1812 de Tchaikovski, pero con ligeros toques futuristas.
De esta manera, Exiliado celeste es el gran poema épico del rock mexicano, no sólo en su letra, sino también en su música, arreglo e interpretación; pero también una pieza futurista muy lograda, lo que suma una canción sui géneris, intensa, dramática. Realmente una obra maestra de la fantasía, el ingenio y la fusión musical y poética.