Letra y música: Armando Rosas.
Intérprete: Armando Rosas y La Camerata Rupestre.
Disco: Tocata, fuga y apañón.
Intérprete: Armando Rosas y La Camerata Rupestre.
Disco: Tocata, fuga y apañón.
Descansa sobre aquel barandal
el peso de la ausencia,
aromas de un herraje ancestral
pregonan tus querencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.
Recuerdo que se mece al vaivén
de una roja maceta,
aliento que sugiere un dogal
platica tus dolencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.
Si una tarde de abril no regresas,
si me agita una nueva marea,
bajo el sol tenderé el recuerdo de ayer,
y entonces buscaré otra nueva vereda.
Descansa sobre aquel barandal
el peso de la ausencia,
aromas de un herraje ancestral
pregonan tus querencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.
el peso de la ausencia,
aromas de un herraje ancestral
pregonan tus querencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.
Recuerdo que se mece al vaivén
de una roja maceta,
aliento que sugiere un dogal
platica tus dolencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.
Si una tarde de abril no regresas,
si me agita una nueva marea,
bajo el sol tenderé el recuerdo de ayer,
y entonces buscaré otra nueva vereda.
Descansa sobre aquel barandal
el peso de la ausencia,
aromas de un herraje ancestral
pregonan tus querencias,
oleaje que se niega a borrar
dibujos en la arena,
marea que se agolpa al tratar
de desprender tu huella.

Herraje es una reflexión poética, de deliciosa sutileza, sobre la ausencia y la añoranza de la persona amada. Armando Rosas alcanza en esta canción su máximo nivel literario no experimental, más apegado a la tradición poética formal (el experimental lo alcanza en Invención para tragafuegos y Cuarteto Rupestre, como veremos más adelante), a la herencia de la poesía mexicana pre-vanguardias, sobre todo de López Velarde, pero que también recuerda al español Miguel Hernández. Si bien Herraje acude a la rima asonante, más común en la letra de canción, conserva una estructura simétrica en sus estrofas, además de una métrica casi totalmente regular (la excepción es el estribillo), de versos eneasílabos y heptasílabos alternados, lo que demuestra el cuidado formal que escogió para esta canción (muy distinto al coloquialismo de La antítesis del amor, por ejemplo). Sin duda alguna, Herraje se sostiene por las metáforas y prosopopeyas consecutivas, sin pausa, que recuerdan el estilo del primer Amaury Pérez, sobre todo del disco No lo van a impedir (también conocido en otros países como A pesar del otoño, creceremos). Podemos citar el ejemplo más notorio de esta semejanza: A que te olvide, canción con la que de alguna manera Herraje coincide, incluso en el tema. Pero si en la canción de Amaury había una negativa al olvido, en Herraje hay un pequeño ultimátum en el estribillo: si la ausencia se prolonga, entonces un nuevo amor podría ocupar el lugar de la ausente. Esta aparente contradicción es el verdadero sentido de la rola: todo amor, aun el más exaltado, sólo pervive si se le retroalimenta. Así, el romanticismo de la rola sólo es aparente; en realidad estamos ante una posición mucho más contemporánea del amor, que exige correspondencia justo porque ya no nace de la irracionalidad pura, sino también de la valoración de los actos y los méritos del otro. Ese romanticismo, que es el que exhala “aromas de un herraje ancestral” (cabe recordar que la primera vez que se usó la palabra romántico fue para describir unas ruinas medievales), pese a que igual impone de alguna manera su fortaleza emocional, es ahora revisado, puesto a prueba. Así, en Herraje Armando Rosas no descree de la potencia sensible del alma romántica, pero sí de su inmutabilidad sacrificial, del masoquismo que encerraba, como un rechazo a la pasión (que, recordemos, viene del griego pathos, que significa enfermedad) pura o sola, para reafirmar la necesidad de un nuevo amor, que también incluya la inteligencia, la ética y la equidad.
Pero obviamente toda esta carga reflexiva se entrega a través de un lenguaje altamente poético. Como dije, metáforas y prosopopeyas se suceden, una tras otra, sin descanso. Y no son simples; al contrario, su complejidad requiere un esfuerzo interpretativo, lo que reafirma que Rosas esta vez se fue por el camino de la solemnidad, pues Herraje es una canción de gran profundidad intelectual.
Sin embargo, lo anterior se equilibra con la música y el arreglo. El ritmo de Herraje es muy particular, cercano al vals peruano, que solía componer, por ejemplo, Chabuca Granda. Pero la instrumentación clásica de La Camerata Rupestre, de guitarra acústica de concierto, cello, violín y clarinete o flauta traversa, le da un aire diferente a la rola, único y extraordinario. El juego entre la música de cámara y el rock, que el grupo siempre realizó (no sólo musicalmente, sino hasta en la ropa que usaban en conciertos y fotos, siempre de smoking los músicos de cuerdas y de sport los otros dos), les dio siempre un estilo muy identificable y rico. Pero al ser Herraje una canción más seria, la influencia de la música clásica también se nota más, le resulta mucho más adecuada, como se ve en el dueto de cuerdas del solo posterior al estribillo. La misma voz de Armando Rosas, a veces demasiado nasal, aquí se mide, es cautelosa. Todo esto convierte a Herraje en una de las piezas mayores del rock sinfónico mexicano, del que, como ya mencionamos antes, existen pocos ejemplos.
De este modo, poesía, rock y música culta se funden en Herraje de manera impecable, fina, y hacen de la rola una verdadera belleza, única en su género.
Pero obviamente toda esta carga reflexiva se entrega a través de un lenguaje altamente poético. Como dije, metáforas y prosopopeyas se suceden, una tras otra, sin descanso. Y no son simples; al contrario, su complejidad requiere un esfuerzo interpretativo, lo que reafirma que Rosas esta vez se fue por el camino de la solemnidad, pues Herraje es una canción de gran profundidad intelectual.
Sin embargo, lo anterior se equilibra con la música y el arreglo. El ritmo de Herraje es muy particular, cercano al vals peruano, que solía componer, por ejemplo, Chabuca Granda. Pero la instrumentación clásica de La Camerata Rupestre, de guitarra acústica de concierto, cello, violín y clarinete o flauta traversa, le da un aire diferente a la rola, único y extraordinario. El juego entre la música de cámara y el rock, que el grupo siempre realizó (no sólo musicalmente, sino hasta en la ropa que usaban en conciertos y fotos, siempre de smoking los músicos de cuerdas y de sport los otros dos), les dio siempre un estilo muy identificable y rico. Pero al ser Herraje una canción más seria, la influencia de la música clásica también se nota más, le resulta mucho más adecuada, como se ve en el dueto de cuerdas del solo posterior al estribillo. La misma voz de Armando Rosas, a veces demasiado nasal, aquí se mide, es cautelosa. Todo esto convierte a Herraje en una de las piezas mayores del rock sinfónico mexicano, del que, como ya mencionamos antes, existen pocos ejemplos.
De este modo, poesía, rock y música culta se funden en Herraje de manera impecable, fina, y hacen de la rola una verdadera belleza, única en su género.


