Letra, música e intérprete: Carlos Arellano.
Disco: El baile de las cosas.
También existe una versión de Nina Galindo, en su disco Antes del toque de queda.
Disco: El baile de las cosas.
También existe una versión de Nina Galindo, en su disco Antes del toque de queda.
Ella amaneció de nuevo sola.
Sola, acarició los restos de un amor.
Un amor atravesado,
amarrado a su corazón,
mas lo cierto era que mucho
de ese amor confuso
se lo imaginó.
Ella deslizó su mano tibia.
Tibia, descubrió esa zona oscura de su piel.
Con la piel en el engaño,
dijo: “esta mano es la de él”,
y enredada en sus suspiros,
casi sin sentido,
quiso tener fe.
Ella, un corazón que naufragó.
Ella, un “sí” que nadie escuchó.
Ella, un sol apagado,
una luna de lado
ella es.
Ella se miró despacio al espejo.
El espejo una tristeza le devolvió.
Ella devolvió esa mueca,
y con sonrisas la cubrió,
pero fue sólo un instante
que ese rostro de antes
se le reflejó.
Ella renegó de su mala suerte.
“¡Suerte perra!”, dijo, “¡la que me tocó!”.
Se tocó entre los dos senos,
dijo: “¿para qué este corazón?,
¿para quién estos latidos,
este amor urgido?,
¿para quién soy yo?”.
Ella, un corazón que naufragó.
Ella, un “sí” que nadie escuchó.
Ella, un sol apagado,
una luna de lado
ella es.
Sola, acarició los restos de un amor.
Un amor atravesado,
amarrado a su corazón,
mas lo cierto era que mucho
de ese amor confuso
se lo imaginó.
Ella deslizó su mano tibia.
Tibia, descubrió esa zona oscura de su piel.
Con la piel en el engaño,
dijo: “esta mano es la de él”,
y enredada en sus suspiros,
casi sin sentido,
quiso tener fe.
Ella, un corazón que naufragó.
Ella, un “sí” que nadie escuchó.
Ella, un sol apagado,
una luna de lado
ella es.
Ella se miró despacio al espejo.
El espejo una tristeza le devolvió.
Ella devolvió esa mueca,
y con sonrisas la cubrió,
pero fue sólo un instante
que ese rostro de antes
se le reflejó.
Ella renegó de su mala suerte.
“¡Suerte perra!”, dijo, “¡la que me tocó!”.
Se tocó entre los dos senos,
dijo: “¿para qué este corazón?,
¿para quién estos latidos,
este amor urgido?,
¿para quién soy yo?”.
Ella, un corazón que naufragó.
Ella, un “sí” que nadie escuchó.
Ella, un sol apagado,
una luna de lado
ella es.

El tema de la soledad aparece una vez más en el rock mexicano. Como en la ya revisada ¿Qué vas a hacer? de Iván Rosas o en Las mujeres solas lo hacen de Jaime Moreno Villarreal, en Ella de Carlos Arellano es la soledad femenina la que se retrata. Como una nueva Eleanor Rigby de los Beatles, la protagonista de Ella está condenada a no ser para nadie, a no compartir lo que es, a no ser vista ni valorada de ningún modo. Carlos Arellano es un especialista de la canción emotiva, como lo muestran rolas como Platícame para un enfermo de SIDA, María Eugenia para la amiga abandonada o Ella lo ama, él también, sobre el amor en la vejez. Pero Arellano nunca cae en facilismos ni en cursilerías: escribe siempre desde la honestidad, desde la confidencia y la comprensión de la otredad. Y como debe ser, siempre preocupado por la calidad literaria de sus letras, porque comprende que la emoción no es pretexto para el descuido de la forma, y que la obra artística nunca será sólo un medio de expresión, como opinan los que no se exigen un nivel mayor y escriben para la banda, sino un fin en sí mismo, y que su único compromiso es con la calidad del material.
La figura retórica que sustenta a Ella es la concatenación en los primeros tres versos de cada estrofa, aunque en el estribillo la sustituye por la anáfora. Si bien ambos recursos estilísticos no se siguen de manera absoluta (sigue siendo una letra de canción, no un poema, así que hay mayor libertad), con ello podemos ver que el interés por la emoción no se contradice con el cuidado formal, con la propuesta poética, pues en otras canciones Carlos Arellano ensaya diferentes fórmulas.
Un mérito adicional en Ella es el intento de comprender la psicología femenina. La sensibilidad de Carlos hace que lo consiga perfectamente, lo cual no es fácil, porque no basta tratar el tema y luego elegir un personaje femenino, sino hay que analizar la reacción propia de la mujer ante la soledad. Es claro que el resultado puede ser discutible, y que cada vez queda más obsoleto eso de “lo femenino” y “lo masculino”; sin embargo, lo que aún quede de esa división cultural de roles, Arellano lo explora, y el resultado es, al menos, verosímil. En todo caso, y quizá para no arriesgarse al error, igual escoge una protagonista, pero vista desde un narrador omnisciente, y por tanto, sin género.
La música de Ella es dulce, tal como sugiere la letra. Con la participación de Eblén Macari en el requinteo de guitarra acústica y los sintetizadores, el arreglo se enriquece, pese a cierta rigidez de la figura principal. La guitarra rítmica de Arellano desarrolla con destreza el ritmo casi de vals de la canción, que recuerda un poco a Piano man de Billy Joel, pero con ritmo más lento y cambios más espaciados entre los acordes. Así, el compás de ¾ de la pieza hace que letra y música se deslicen, en una cadencia triste, pero suave, que conmueve profundamente.
La figura retórica que sustenta a Ella es la concatenación en los primeros tres versos de cada estrofa, aunque en el estribillo la sustituye por la anáfora. Si bien ambos recursos estilísticos no se siguen de manera absoluta (sigue siendo una letra de canción, no un poema, así que hay mayor libertad), con ello podemos ver que el interés por la emoción no se contradice con el cuidado formal, con la propuesta poética, pues en otras canciones Carlos Arellano ensaya diferentes fórmulas.
Un mérito adicional en Ella es el intento de comprender la psicología femenina. La sensibilidad de Carlos hace que lo consiga perfectamente, lo cual no es fácil, porque no basta tratar el tema y luego elegir un personaje femenino, sino hay que analizar la reacción propia de la mujer ante la soledad. Es claro que el resultado puede ser discutible, y que cada vez queda más obsoleto eso de “lo femenino” y “lo masculino”; sin embargo, lo que aún quede de esa división cultural de roles, Arellano lo explora, y el resultado es, al menos, verosímil. En todo caso, y quizá para no arriesgarse al error, igual escoge una protagonista, pero vista desde un narrador omnisciente, y por tanto, sin género.
La música de Ella es dulce, tal como sugiere la letra. Con la participación de Eblén Macari en el requinteo de guitarra acústica y los sintetizadores, el arreglo se enriquece, pese a cierta rigidez de la figura principal. La guitarra rítmica de Arellano desarrolla con destreza el ritmo casi de vals de la canción, que recuerda un poco a Piano man de Billy Joel, pero con ritmo más lento y cambios más espaciados entre los acordes. Así, el compás de ¾ de la pieza hace que letra y música se deslicen, en una cadencia triste, pero suave, que conmueve profundamente.

