Letra, música e intérprete: Roberto González.
Disco: Aquí.
Aunque para este análisis me basé en la versión con guitarra acústica sola y voz, grabada para Radio Educación, porque considero que el arreglo del disco Aquí no resultó muy bueno.
Disco: Aquí.
Aunque para este análisis me basé en la versión con guitarra acústica sola y voz, grabada para Radio Educación, porque considero que el arreglo del disco Aquí no resultó muy bueno.
El alarido ahogado es como caminar
a las 4 de la madrugada por la ciudad,
donde te encuentras a los que viven en ella.
Agentes borrachos violentos,
ratas que salen a tu encuentro,
tratando de decirte que eres un extranjero.
Los perros te muerden,
te pasan la rabia,
se van satisfechos.
Bajo la luna, sigues derecho.
El alarido ahogado es como caminar
a las 4 de la madrugada por la ciudad,
donde te encuentras a los que viven en ella.
Gatos negros hambrientos,
desperdiciando su talento,
pudriéndose en la basura, inhalando cemento.
Los gatos te dicen
que tú eres como ellos,
que buscas bocado
para pasar el día aislado.
a las 4 de la madrugada por la ciudad,
donde te encuentras a los que viven en ella.
Agentes borrachos violentos,
ratas que salen a tu encuentro,
tratando de decirte que eres un extranjero.
Los perros te muerden,
te pasan la rabia,
se van satisfechos.
Bajo la luna, sigues derecho.
El alarido ahogado es como caminar
a las 4 de la madrugada por la ciudad,
donde te encuentras a los que viven en ella.
Gatos negros hambrientos,
desperdiciando su talento,
pudriéndose en la basura, inhalando cemento.
Los gatos te dicen
que tú eres como ellos,
que buscas bocado
para pasar el día aislado.

Roberto González nos entrega en El gato una reflexión sobre la marginalidad: ¿qué tan ajena es realmente? ¿Acaso no vivimos todos una misma limitante ante las condiciones imperantes, sociales, económicas, psicológicas? Tanto la crítica como su otro lado, la compasión, se congelan en la boca del cantante-testigo al notar que ese ser marginal, ese gato de callejón maloliente, no es tan diferente; que pese a su evidente desventaja ante todos nuestros privilegios, estos no son sino espejismos que ocultan la misma trampa, la misma condición de estar en manos de los que verdaderamente tienen la sartén por el mango: altos empresarios, banqueros, políticos. La nueva perspectiva que nos ofrece Roberto González otorga a la canción toda su originalidad. Así, El gato muestra la gran capacidad crítica de Roberto González, y aun del movimiento rupestre en general, que evita obviedades ya inofensivas de tan sobadas, y muestra, en cambio, que la conciencia social no está peleada con la calidad artística, siempre y cuando la primera cumpla su papel de mera inspiradora y detonante, y la segunda el suyo, de fin en sí misma, de verdadero sentido y único compromiso del artista. Porque si bien el fondo es relativamente claro, la forma de la canción es cuidadosa, de figuras literarias sólidas, y que, sobre todo, no evidencian, no regalan el tema. De hecho, la primera estrofa guarda el suficiente cuidado en su comparación fundamental, que adquiere un tono enigmático, profundo, que igual implica un ejercicio interpretativo no demasiado fácil. Como igual se trata de una canción en que la crítica social es importante, Roberto González tampoco la hace demasiado oscura, pero eso mismo demuestra que las decisiones estilísticas surgen de un trabajo minucioso y una capacidad notable.
La música de El gato es sólo un rocanrolito clásico de tres acordes, pero justo por eso concuerda tanto con la condición de los personajes que describe la letra, simples sólo en apariencia, pero cargados, muy cargados emocionalmente. Y el resultado es una rola aguda y disfrutable, sin que se resienta esa amalgama, de uno de los grandes precursores del rock mexicano inteligente y poético.
La música de El gato es sólo un rocanrolito clásico de tres acordes, pero justo por eso concuerda tanto con la condición de los personajes que describe la letra, simples sólo en apariencia, pero cargados, muy cargados emocionalmente. Y el resultado es una rola aguda y disfrutable, sin que se resienta esa amalgama, de uno de los grandes precursores del rock mexicano inteligente y poético.










