Letra y música: Jaime Moreno Villarreal y Guillermo Briseño.
Intérprete: Jaime Moreno Villarreal.
Disco: Sin editar en disco.
Para este análisis tomo la versión grabada para Radio Educación. También existe la versión de Guillermo Briseño y El séptimo aire, del disco Esta valiendo… el corazón.
Intérprete: Jaime Moreno Villarreal.
Disco: Sin editar en disco.
Para este análisis tomo la versión grabada para Radio Educación. También existe la versión de Guillermo Briseño y El séptimo aire, del disco Esta valiendo… el corazón.
Sobre la cama, anchamente,
me la paseo esperando un phone,
y bostezando ampliamente,
prendo la televisión.
He descubierto que me duele,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
Si se supone, vagamente,
que yo vivo del rock,
¿por qué será que diariamente
me la paso en el colchón?
Como que no le importa a nadie,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre
el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
Quiero mi lira, y una bataca,
tráiganme un pantalón.
Abran la puerta, que entre la gente,
ya va a empezar la función.
Soy un enfermo reincidente,
eso me ha dicho el doctor.
Siempre me apañan gachamente
en los conciertos de rock.
De la ambulancia soy el cliente,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre
el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
El corazón.
El corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
me la paseo esperando un phone,
y bostezando ampliamente,
prendo la televisión.
He descubierto que me duele,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
Si se supone, vagamente,
que yo vivo del rock,
¿por qué será que diariamente
me la paso en el colchón?
Como que no le importa a nadie,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre
el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
Quiero mi lira, y una bataca,
tráiganme un pantalón.
Abran la puerta, que entre la gente,
ya va a empezar la función.
Soy un enfermo reincidente,
eso me ha dicho el doctor.
Siempre me apañan gachamente
en los conciertos de rock.
De la ambulancia soy el cliente,
la escena me traspasa el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre
el corazón.
Está valiendo madre,
está valiendo madre,
está valiendo madre el corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.
El corazón.
El corazón.
Me estoy volviendo loco,
me está tronando el coco,
creo que me equivoqué de profesión.

La escena me traspasa el corazón posee una letra dura, directa, no muy común en la obra del también poeta Jaime Moreno Villarreal, aunque aquí se trata de un tema compuesto con Guillermo Briseño (quién sabe qué tanto es de cada uno). El tema es doloroso: el rockero ante el espejo, ante su situación desfavorable en México (salvo los pops), país dominado absolutamente por la música comercial y los medios que la encajan en la gente. Sin disqueras. Sin promociones. Sin productores que pongan la lana. ¿Qué queda? Nada, migajas, espacios ínfimos para manifestarse, incluso agresiones de ese público para el que se toca, y que ni valora, ni agradece, ni escucha realmente. Como dice el rockero protagonista de la novela Polvos de la urbe, de Víctor Roura: “a fin de cuentas, ¿para qué tocar? Para unos cuantos canallas...”. Y aunque el músico de rock mexicano lo tiene clarísimo, lo sabe de antemano, no deja de dolerle. Por ello, Moreno Villarreal deja por un momento su estilo poético elaborado y sutil (sin que falten los detalles formales bien cuidados, como el recurso estilístico de los adverbios terminados en mente), para entregar una rola que golpee, que cumpla al máximo su función: el desahogo, libre, puro, rudo, sin tropos que suavicen el fondo doloroso, como una especie de escape, de ruptura. Ya habrá tiempo y canciones para sutilezas…
La música de La escena me traspasa el corazón es también directa: una guitarra acústica, que nos recuerda, por ejemplo, que los rupestres lo eran por falta de medios para la instrumentación eléctrica, y no por un purismo folk al estilo de los que pifiaron a Bob Dylan en Newport. El rasgueo, de golpes entrecortados, le imprime un aire visceral, casi furioso, pero en el estribillo el ritmo rocanrolero parece reafirmarse, como si asumiera su esencia pese a todo, como si sacara el orgullo. Por ello, al final letra y música forman un nudo de catarsis pura, un desahogo que parece decir: “¿ah, sí?, ¡pues a la mierda todos!”.
La música de La escena me traspasa el corazón es también directa: una guitarra acústica, que nos recuerda, por ejemplo, que los rupestres lo eran por falta de medios para la instrumentación eléctrica, y no por un purismo folk al estilo de los que pifiaron a Bob Dylan en Newport. El rasgueo, de golpes entrecortados, le imprime un aire visceral, casi furioso, pero en el estribillo el ritmo rocanrolero parece reafirmarse, como si asumiera su esencia pese a todo, como si sacara el orgullo. Por ello, al final letra y música forman un nudo de catarsis pura, un desahogo que parece decir: “¿ah, sí?, ¡pues a la mierda todos!”.



