Letra y música: León Chávez Teixeiro.
Intérprete: Gabino Palomares.
Disco: Fabricando la luz.
Obviamente también existe la versión del autor, que puede apreciarse en el CD De nuevo otra vez, pero en mi opinión esta versión supera a la original. También existe una reciente versión de Roberto González, en el disco homenaje a Chávez Teixeiro llamado La chava de la Martín Carrera.
Intérprete: Gabino Palomares.
Disco: Fabricando la luz.
Obviamente también existe la versión del autor, que puede apreciarse en el CD De nuevo otra vez, pero en mi opinión esta versión supera a la original. También existe una reciente versión de Roberto González, en el disco homenaje a Chávez Teixeiro llamado La chava de la Martín Carrera.
Cipriano Hernández Martínez
se volvió a levantar,
dizque se desayunó
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar
le pidió a su patrón
que le aumentara el jornal.
Su patrón se le negó:
“Las cosas andan muy mal…
Cipriano Hernández Martínez,
te aumentaré tu jornal
si me señalas muy bien…
si me señalas muy bien
quién me va a alborotar”.
Cipriano Hernández Martínez
se volvió a levantar,
dizque se desayunó
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar
se encontró a Juvenal.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal.
“Cipriano Hernández Martínez”
—lo invitaba Juvenal—,
“únete al movimiento,
únete al movimiento,
la huelga ya va a empezar,
la huelga ya va a empezar”.
Cipriano Hernández Martínez
le replicó a Juvenal:
“las huelgas no dejan nada,
las huelgas no dejan nada.
Siempre que llego a mi casa
encuentro bocas que llenar.
Siempre que llego a mi casa
encuentro bocas que llenar”.
“Cipriano Hernández Martínez,
¿cuándo podrás entender
que lo que gana el patrón
más la limosna que da
lo fabricamos los hombres
que te invitan a luchar,
lo fabricamos los hombres
que te invitan a luchar?”.
Cipriano Hernández Martínez
se largó a emborrachar,
a visitar al patrón,
a acusar a Juvenal.
Y le pegó a su mujer,
y a sus hijos traicionó.
Y le pegó a su mujer,
y a sus hijos traicionó.
Cipriano Hernández Martínez
le tenía miedo a su patrón.
Cipriano Hernández Martínez
había vendido su valor.
Cipriano Hernández Martínez
se volvió a levantar,
dizque se desayunó,
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar,
los soldados se llevaban
al valiente Juvenal,
los soldados se llevaban
al valiente Juvenal.
Cipriano Hernández Martínez
le replicó a Juvenal:
“las huelgas no dejan nada,
las huelgas no dejan nada,
ahora te van a matar
ahora te van a matar”.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal:
“¡Me van a morir,
jamás nos matarán!
“¡Me van a morir,
jamás nos matarán!
¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos
a regresar!”.
se volvió a levantar,
dizque se desayunó
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar
le pidió a su patrón
que le aumentara el jornal.
Su patrón se le negó:
“Las cosas andan muy mal…
Cipriano Hernández Martínez,
te aumentaré tu jornal
si me señalas muy bien…
si me señalas muy bien
quién me va a alborotar”.
Cipriano Hernández Martínez
se volvió a levantar,
dizque se desayunó
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar
se encontró a Juvenal.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal.
“Cipriano Hernández Martínez”
—lo invitaba Juvenal—,
“únete al movimiento,
únete al movimiento,
la huelga ya va a empezar,
la huelga ya va a empezar”.
Cipriano Hernández Martínez
le replicó a Juvenal:
“las huelgas no dejan nada,
las huelgas no dejan nada.
Siempre que llego a mi casa
encuentro bocas que llenar.
Siempre que llego a mi casa
encuentro bocas que llenar”.
“Cipriano Hernández Martínez,
¿cuándo podrás entender
que lo que gana el patrón
más la limosna que da
lo fabricamos los hombres
que te invitan a luchar,
lo fabricamos los hombres
que te invitan a luchar?”.
Cipriano Hernández Martínez
se largó a emborrachar,
a visitar al patrón,
a acusar a Juvenal.
Y le pegó a su mujer,
y a sus hijos traicionó.
Y le pegó a su mujer,
y a sus hijos traicionó.
Cipriano Hernández Martínez
le tenía miedo a su patrón.
Cipriano Hernández Martínez
había vendido su valor.
Cipriano Hernández Martínez
se volvió a levantar,
dizque se desayunó,
y se fue a trabajar.
Cuando llegó al lugar,
los soldados se llevaban
al valiente Juvenal,
los soldados se llevaban
al valiente Juvenal.
Cipriano Hernández Martínez
le replicó a Juvenal:
“las huelgas no dejan nada,
las huelgas no dejan nada,
ahora te van a matar
ahora te van a matar”.
Juvenal era un hombre,
era un hombre muy cabal:
“¡Me van a morir,
jamás nos matarán!
“¡Me van a morir,
jamás nos matarán!
¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos
a regresar!”.

A diferencia de los dos casos anteriores, con Gabino Palomares no cabe duda: pertenece al ámbito de la trova, no del rock. Sin embargo, pese a que compartía la peregrina crítica con que los trovadores atacaban al rock, al final comprendió —al menos en la práctica, por este y el siguiente caso que veremos— que los músicos y compositores de rock podían enriquecer su propio trabajo. Cipriano Hernández Martínez forma parte de esta lista, no sólo porque fue compuesta por León Chávez Teixeiro, alguien también en la frontera del rock y la trova, sino por el poderoso arreglo clásico de rock que realizó y ejecutó la banda de Guillermo Briseño (con el aporte de un magnífico requintista, del que desafortunadamente no tengo el nombre a mi alcance) con instrumentos eléctricos, incluyendo el estupendo solo de guitarra y los típicos aporreos de piano de Briseño. Este arreglo, impecable y potente, incluso propició que la interpretación de Gabino Palomares también adquiriera la potencia rocanrolera que la canción requiere. Además, llevó la melodía de León Chávez Teixeiro a su máximo nivel de intensidad, sobre todo en la bajada de semitonos con que cierra algunas estrofas, así como la original construcción de acordes rápidos y sucesivos que delinean toda la pieza, y que en muchas partes equivalen a un acorde por cada sílaba de la letra, lo que provoca una sensación de vértigo que subraya la reiteración del nombre del protagonista de esta historia de conflictos obrero-patronales, que al final se convierte un una estupenda pieza de rock.
La letra de Cipriano Hernández Martínez reitera una preocupación clásica de las canciones de Chávez Teixeiro: la explotación del trabajador, en este caso centrada en la traición del esquirol potencial, en contraste con el que sí posee conciencia de clase, y que vale más por su pertenencia al colectivo que por su individualidad. Justamente este es el gran sentido de Cipriano Hernández Martínez, que se opone al individualismo que propicia la sociedad de consumo del neoliberalismo, representada en su grado más básico por el obrero egoísta, que también es un producto de su marginalidad. Juvenal, la voz resilente, que comparte el mismo contexto paupérrimo, y no obstante logra discernir el mecanismo de explotación que padece, deja su mensaje de esperanza, cifrada en la lucha organizada, tesis que Chávez Teixeiro ha expuesto en otras canciones, como Ponciano Flores. Así, la extensión de la letra, el recurso de repetir una y otra vez el nombre del traidor, así como el idéntico inicio de sus jornadas, y sobre todo la elección de un lenguaje directo y plenamente narrativo, le dan a la canción el toque de realismo que requiere el tema.
La letra de Cipriano Hernández Martínez reitera una preocupación clásica de las canciones de Chávez Teixeiro: la explotación del trabajador, en este caso centrada en la traición del esquirol potencial, en contraste con el que sí posee conciencia de clase, y que vale más por su pertenencia al colectivo que por su individualidad. Justamente este es el gran sentido de Cipriano Hernández Martínez, que se opone al individualismo que propicia la sociedad de consumo del neoliberalismo, representada en su grado más básico por el obrero egoísta, que también es un producto de su marginalidad. Juvenal, la voz resilente, que comparte el mismo contexto paupérrimo, y no obstante logra discernir el mecanismo de explotación que padece, deja su mensaje de esperanza, cifrada en la lucha organizada, tesis que Chávez Teixeiro ha expuesto en otras canciones, como Ponciano Flores. Así, la extensión de la letra, el recurso de repetir una y otra vez el nombre del traidor, así como el idéntico inicio de sus jornadas, y sobre todo la elección de un lenguaje directo y plenamente narrativo, le dan a la canción el toque de realismo que requiere el tema.








