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viernes, 4 de junio de 2010

99. ESTOY CANSADO

Letra y música: Agustín Aguilar.
Intérprete: Mamá-Z.
Disco: Mamá-Z (conocido como “Disco rojo”).




Estoy cansado de las masas,
de las mesas, de las misas, de las musas
y del sol.

Estoy cansado de las ramas,
de las rimas, de las reumas, de las reumas
del corazón.

Estoy cansado de auscultarme,
recorrerme, graficarme, pa' encontrarme
una razón.

Estoy cansado de los Lamas,
de las limas, de los lemas, de Las Lomas
y Escandón.

Estoy cansado de preguntar
dónde se encuentra la sobriedad,
dónde termina la castidad,
lujuria esquiva, sin respirar.

Estoy cansado de las ratas,
de los retos, de los ratos, de las rutas
del Señor.

Estoy cansado de las dudas,
de los dados, de los dedos, de los dedos
del dolor.

Estoy cansado de preguntar
dónde termina la santidad,
dónde termina la castidad,
lujuria esquiva, sin respirar.

Estoy cansado de mirarme,
de tocarme, de chuparme, pa' encontrarme
el corazón.

Ya no quiero, ya no quiero,
ya no quiero, ya no quiero,
no, no, no.

Estoy cansado de preguntar
dónde se encuentra la sobriedad,
dónde termina la castidad,
lujuria esquiva, sin respirar.


Este juego verbal, al más puro estilo de Mamá-Z, nos recuerda el sentido del humor, el afán de experimentación y la ampliación del lenguaje que tiene el rock mexicano. Los ejemplos de Jaime López, Rockdrigo y demás son innumerables, y muchos de ellos aparecerán en esta lista. Agustín Aguilar es otro gran exponente, y en Estoy cansado nos convida a su juego de palabras en paronomasia, apenas diferentes, que muestran los anchos límites de los campos semánticos si se saben encontrar sus relaciones, sus alcances. Obviamente aquí lo importante es la forma, pero la maestría de Agustín Aguilar oculta, bajo la sonrisa cómplice que provoca, un fondo más profundo de lo que parece: que el verdadero cansancio, sobre todo emocional, que obviamente recuerda la rola I’m so tired de los Beatles, permea todas las variaciones. Son tan diferentes y a la vez tan semejantes las variantes de la vida cotidiana, que hartan, porque como dijera Jim Morrison, todas “tienen lobos”, esconden una trampa postmoderna. Es como si la realidad fastidiosa se deshiciera en estos jirones, donde los significados se desprenden de sus significantes sin que cambie el sentido, dado que se equiparan en su miseria circular (por cierto, este recurso del lenguaje recuerda también el del cierre de la novela Obsesivos días circulares de Gustavo Sáinz), en su pesadez insípida. De esta manera, Agustín Aguilar se coloca por encima de muchos juguetones del lenguaje, malos imitadores de los auténticos, ya mencionados, pues no se limita al juego por el juego, que apantalla, pero carece de sustancia. Al contrario: cada enumeración parónima del juego vanguardista de Estoy cansado siempre aterriza en un concepto, en un sentido muy significativo. Inteligentemente escondido, o mejor dicho, no obvio, pero atinado y agudo, en una muestra de la gran inteligencia de Aguilar.
La melodía de Estoy cansado también es juguetona. Cambia de ritmo sin demasiados motivos, y se vuelve un pretexto para el be bop modernizado, del que Mamá-Z es quizá el último exponente, y que apoya la irreverencia del experimento. Además, introduce una figura casi paródica de Twist and shout de los Beatles al final de los estribillos, en que las voces van incorporándose en una nota larga, aumentando en escala, lo que eleva el grado de humor, al igual que el recurso de grabarla con dos primeras voces (es decir, no en armonía), todo como un juego expresivo muy grato.
Por todo lo dicho, Estoy cansado es una gran lección para los que quieren ser graciosos a toda costa, sin lograr entender que eso sólo tiene mérito si va acompañado de un significado más trascendente. De no ser así, sólo lograrán (y de hecho ya logran) el equivalente musical del humor de pastelazo. En Estoy cansado, como en muchos otros casos, Mamá-Z ejemplifica lo contrario.

lunes, 31 de mayo de 2010

65. PASTEL ARTAUD

Letra y música: Agustín Aguilar.
Intérprete: Mamá-Z.
Disco: Esa viscosa manera de pegarme las ganas.



Voy camino a la locura de besarte sin permiso,
ni las formas voy a guardar.
Tengo ganas de mandar todo al carajo
y reventar tus labios con esta pasión.
Y sin embargo, cada vez que trato de tocarte,
tú me sales con tu rectitud,
que dice:

“¡Oh, oh, eso no está bien!
¡Oh, oh!, ¿pues quién crees que soy?
¡Oh, oh, ‘tate, por favor!
¡Oh, oh, te hice un pastel!”.

Deja ya tu siglo XIX en la alacena,
y mejor ponte a pensar
que esa forma de tratarme sólo prueba
tu perversidad.
Y sin embargo, cada vez que trato de tocarte,
tú me sales con tu rectitud,
que dice:

“¡Oh, oh, eso no está bien!
¡Oh, oh!, ¿pues quién crees que soy?
¡Oh, oh, ‘tate, por favor!
¡Oh, oh, te hice un pastel!”.

No digas “¡oh, oh, eso no está bien!
¡Oh, oh!, ¿pues quién crees que soy?
¡Oh, oh, ‘tate, por favor!
¡Oh, oh, te hice un pastel!”.

¡Se va a lastimar con ese pastel!
¡Con ese pastel,
con ese pastel se va a lastimar!

¡Se va a lastimar con ese pastel!
¡Con ese pastel,
con ese pastel se va a lastimar!

(Hablado): “¡Órale, esa,
vamos a ponerle
de mordiscos a ese pasteluco bien cuco,
sáquese por a’i una rebanaducha,
y póngale, póngale!”.

¡Se va a lastimar con ese pastel!
¡Con ese pastel,
con ese pastel se va a lastimar!

¡Se va a lastimar con ese pastel!
¡Con ese pastel,
con ese pastel se va a lastimar!


Es mera coincidencia, pero igual que en la canción del post anterior, en Pastel Artaud Mamá-Z también centra su atención en el tema de la liberación sexual. En este caso, hace una sátira de tragedia teatral de vanguardia (de hecho, en el sobre del disco L.P. viene la letra estructurada así, con los nombres de los personajes y el coro antes de sus respectivos diálogos, pero lamentablemente no lo tengo a la mano para transcribirlo correctamente). De ahí el título, porque se simula una de las búsquedas teatrales de Antonin Artaud (Aguilar ya había hecho algo similar en otra rola: Sofá Apollinaire), no como parodia, sino como ejemplo humorístico para expresar una crítica a la mujer reprimida, a la chica “decente” de la pequeñoburguesía mexicana, hija de familia, incapaz de reconocer los deseos propios, sometida a su educación judeocristiana y a su moral de clase. Agustín Aguilar es una de las mentes más lúcidas del rock mexicano, pero también mejor formadas académicamente. El nivel cultural de Agustín, como debe ser, sirve no para restregarlo en la cara de los demás, sino para enriquecer al otro a través de la opinión, la crítica y la imaginación. La inteligencia que muestra Aguilar en Pastel Artaud demuestra cuán trascendente puede llegar a ser el rock mexicano si sus exponentes dan un paso más en la exigencia artística y cultural. No vemos aún suficientes músicos profesionales, con estudios musicales, literarios o multiculturales serios. Todavía son excepción honrosísima los que logran expresar una opinión política o sociológica más o menos elaborada. Son menos los que lo hacen con coherencia. Mamá-Z escogió el camino del humor para expresar su nivel, pero eso no significa más que la elección de un estilo, no una limitante. La labor docente y literaria de Agustín Aguilar (lo mismo que su recientemente desaparecido hermano gemelo Gerardo) lo demuestran ampliamente.
En esta canción el pastel asume un papel simbólico: desde su polisemia, es, por un lado, el postre de ese mundo azucarado, kitsch, que la noviecita pequeñoburguesa ofrece al novio oficial, buen partido, futuro buen proveedor, casi para distraerlo de sus exigencias sexuales. Como dice Milan Kundera en El arte de la novela y también en La insoportable levedad del ser, el kitsch es un mundo donde no existe la mierda; es decir, el abuso, la explotación, los deseos del cuerpo, las heces, el neoliberalismo, etc. Pero por el otro lado, el pastel es placer puro, una analogía de la vulva, un regodeo lingual, un deseo para morder, crema batida sobre un pezón urgente, un falo que se dibuja bajo el casimir inglés que conquistó a los suegros. El choque entre ambas visiones producirá esa tragicomedia artaudiana, esa farsa de la doble moral mexicana.
La música de Pastel Artaud es muy fresca, relajienta, incisiva, de un poderío que recuerda a los Kinks (banda que tiene más de una similitud con Mamá-Z). El fraseo es rapidísimo, y una vez más, con ciertos juegos de be bop en la voz de Agustín, aunque aquí menos marcados. La intervención del invitado Jaime López en el texto hablado, más el cambio de ritmo a un franco corrido en la última parte de la canción, con sus respectivos gritos tipo mariachi al fondo, apuntalan el carácter de farsa de la rola, y la parodia final de Porky Pig es ya la cereza del pastel (Artaud) ingenioso, y un guiño que nos recuerda la influencia de la cultura popular en el rock, no sólo de la más seria. Pese a que, al igual que Trolebús, Mamá-Z a veces cae en el humor por el humor, en su caso lo logra con mejor tino, y con menos exceso.