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jueves, 20 de mayo de 2010

32. ÁNGEL DE SODOMA

Letra: J.J. Hernández.
Música: Enrique Quezadas.
Intérprete: MCC.
Disco: Sobrevivientes.
También existe otra versión, en el disco
MCC 1980/1984.


Hablo
esta noche contigo,
media noche de mis sueños.
En la oscuridad
me llevas a las estrellas,
hermoso ángel
omnipresente.

En puños del tiempo,
ves lo que está oculto,
sabes lo que desconozco.

Ángel mío,
mis ojos te hablan
ríos de palabras
que tú sólo puedes oír.
Mírame,
respóndeme.

Mi amor se escapa,
sale de mi puerta,
sale de mi puerta.
Los tigres de la soledad
amarillean en la noche.

Florecen falsos jardines
que no me atrevo a cruzar.
Mira las sierpes,
rodean mi cuerpo,
¡quieren matar al amor!

Arde la ciudad,
ángel, la carne se suicida.
Protégeme esta noche con tu voz,
con tu cuerpo,
ángel.

No me desampares
ni de noche ni de día,
ángel de Sodoma,
mi dulce compañía,
ángel,
mi dulce compañía.


Como comenté antes, MCC creó un rock progresivo más bien futurista, muy apegado a los nuevos sonidos espaciales de los sintetizadores. Pero en Ángel de Sodoma el grupo se acerca mucho más al rock sinfónico, al influido por la música clásica. Este tipo de fusión o subgénero del rock ha creado varias de las mejores canciones de la historia, porque la enorme riqueza de la música de cámara, sumada a la originalidad rítmica y vanguardista del rock, se funden en un total muy poderoso, que deja muy claro el potencial armónico y melódico que costó reconocerle al rock. Canciones como Yesterday y The long and winding road de los Beatles, Ruby Tuesday, As tears go by y She’s like a rainbow de los Rolling Stones, Lalena de Donovan, A salty dog y A whiter shade of pale de Procol Harum, Touch me de los Doors, Love, reign o’er me de The Who, Old friends de Simon & Garfunkel o Nights in white satin de Moody blues, entre muchísimos más ejemplos, son verdaderas joyas de la historia de la música, no sólo del rock. En México también ha tenido su importancia. Por su misma instrumentación y formación musical, todo el rock de Armando Rosas y La Camerata Rupestre se fundamenta en esta fusión, sobre todo en canciones como El papalote, Tu boca o Herraje. Pero también podemos citar Vals de la muerte de Gerardo Enciso, los discos enteros Viaje al espacio visceral y Ausencias e irreverencias de Guillermo Briseño, Everness de Arturo Meza (musicalización de un poema de Borges, como ya dijimos), Ausencias de Lucerna Diogenis, Cenzontle de Jaime López (también como ya mencionamos, otro poema musicalizado, ahora de Pablo Ulrich) y un largo etc. Además de los experimentos con la música clásica directa, como los discos Rythm & Pango y 3.5 vueltas para Re de Armando Rosas o Romeo y Julieta de Guillermo Briseño. Esta proliferación de ejemplos muestra que los rockeros mexicanos realmente importantes se exigen como verdaderos artistas, no se conforman, avanzan, experimentan, fusionan, no se estancan en una fórmula exitosa, probada. Obviamente, para poder hacerlo se requieren conocimientos musicales amplios; pero los Beatles demuestran que un origen lírico, autodidacta, no significa un pretexto para no aprender (es de sobra conocido el ejemplo más representativo de ello en la literatura mexicana: Juan José Arreola).
En Ángel de Sodoma los mismos sintetizadores de Enrique Quezadas esta vez se van hacia el rock sinfónico, al piano clásico y las cuerdas, para crear esta especie de oratorio, pero no dedicado a Dios, sino a la persona amada. Igual que en la analizada El muro, en Ángel de Sodoma MCC crea una canción de amor de género ambiguo, o mejor dicho, no explícito. Pero en este caso la elección de la palabra ángel va más allá de su valor semántico sacro y su juego con el ángel de la guarda. No es sacro: es un ángel, pero de Sodoma, y basta recordar el término sodomizar para entender el juego verbal y conceptual de la canción. Así, estamos ante una estupenda canción velada, un oratorio, pero profano, una oración en sentido contrario, que exalta su condición alternativa, iconoclasta. La alta dignidad de su tratamiento, de su forma, hace de Ángel de Sodoma un verdadero himno libertario, una oración a la tolerancia, a la libertad de elección. Pero sobre todo, al amor. No se necesita ni por asomo compartir la identidad sexual del compositor para valorar la belleza del sentimiento, calidad e importancia cultural de la canción, como no se necesita compartir la ideología para valorar a Jaime Sabines, Jorge Luis Borges u Octavio Paz, la ética para apreciar la obra de Arthur Rimbaud o Louis-Ferdinand Céline, el credo para disfrutar a San Juan de la Cruz (todos ejemplos contrarios a mis respectivas posturas), y ni mencionar la raza para reconocer las creaciones de Naguib Mahfuz, Kenzaburo Oé o Toni Morrison. Quien no comprende esto, sigue viendo el arte como medio, y no como lo que es: un fin.
El lenguaje de Ángel de Sodoma es bastante sencillo; se limita a seguir la línea de la oración religiosa tradicional, pero alterándola en el sentido, haciendo especial énfasis en el ruego de protección ante las amenazantes sierpes: símbolo de los intolerantes, los moralistas obtusos, o como dice el propio MCC en Vuelta al día, otra de sus canciones: “las mentiras / de una historia que destila / por los poros moralina, / miedo a la imaginación”. Pero en este caso, la sencillez del lenguaje vuelve la letra mucho más sentida, honesta, porque es una sencillez elegida, y no resultado de un nivel bajo, de un manejo pobre de los recursos estilísticos. No hay que olvidar que así es también el lenguaje de la oración que está renovando, la del ángel de la guarda; por lo tanto, la elección de esta simpleza forma parte del sentido mismo de la canción.
Pero sin duda la gran riqueza de Ángel de Sodoma radica en su melodía, arreglo y ejecución e interpretación. El piano introductorio de Enrique Quezadas es impecable. La influencia clásica crea una atmósfera íntima, casi de misa al inicio. Hasta que el sonido de cuerdas potencia, intensifica emocionalmente la melodía, lo que recuerda Gethsemane del Jesus Christ Superstar de Lloyd Weber. La voz de Mario Rivas llega a su máximo nivel, con una potencia impresionante, en agudos de alto grado de dificultad, con un manejo del vibrato perfecto, que nadie ha podido igualar en el rock mexicano. Hasta que el ritmo rompe al entrar la batería (hay que recordar que en este disco a MCC lo conforman sólo Quezadas, Mario Rivas y el bajista Sergio Ramírez, así que no hay baterista, y en casi todas las canciones usan una batería electrónica; sin embargo, en Ángel de Sodoma toca como invitado César Calderón, más conocido como Perico, El Payaso Loco, antiguo baterista del grupo). Es entonces cuando el rock sinfónico pasa a ser rock puro, que a partir de ahí se va en fade out, entre los adornos vocales de Rivas.
Sin duda alguna, Ángel de Sodoma es una verdadera cumbre del rock mexicano, un ejemplo de compromiso con la igualdad y la tolerancia, sin que eso merme la obra, por ser una muestra indiscutible de alto nivel musical, instrumental y vocal. Rock arte, sencillamente.