Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ ANTONIO NACHÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ ANTONIO NACHÓN. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de junio de 2010

104. CANCIÓN DE LA MUERTE ENAMORADA (bonus track)

Letra, música e intérprete: José Antonio Nachón.
Disco: Canciones.



Alguien llamó a mi puerta de madrugada.
Era la vida vacía, el vivir por nada.
“Sigue de largo” —le dije—, “aquí no entras,
que aquí sólo entra la muerte enamorada,

que aquí sólo entran las penas,
que aquí sólo entran las ansias,
que aquí sólo entra la rabia,
y a veces, muy raras veces,
la dicha entra”.

Alguien llamó a mi puerta al caer el alba.
Era la muerte vacía, el morir por nada.
“Sigue de largo” —le dije—, “aquí no entras,
que aquí sólo entra la vida enamorada,
enamorada”.


Este segundo bonus track es un buen ejemplo de la frágil frontera entre la trova y el rock, algo así como la variante mexicana del folk, ya que la música folclórica mexicana propiamente dicha se enmarca más por el lado de la canción ranchera, los corridos y los huapangos.
En una letra muy sencilla, dividida entre dos partes casi idénticas (más el estribillo), de no ser por la gran diferencia que encierran, y que forma un auténtico retruécano, José Antonio Nachón hace una pequeña parábola para mostrar que ni la vida ni la muerte valen si uno no las llena de sentido, si no trascienden su condición. Lo original de la letra es que no se trata de una oposición entre vida y muerte, ni se toma partido por alguna de ellas, sino que ambas pueden tener valor o no, dependiendo del motivo que las defina. En contraste con la mayoría de las canciones de Nachón, en Canción de la muerte enamorada no hay pesimismo, sino apuesta por la trascendencia, a través de la vida o de la muerte, da igual. Como ya dije, el lenguaje es sencillo, pero para su fondo, para el concepto que quiere mostrar escoge una elipsis muy inteligente. Esta combinación le imprime a la rola un cierto tono de parábola, pero con la variante moderna de no evidenciar su conclusión, sino dejar que la encuentre el escucha (tampoco es demasiado oscura).
La música es sencilla también. Escrita en tono menor, adecuado para una canción solemne como ésta. El arreglo es acústico, con guitarra y un pequeño fondo de cuerdas y alientos. La parca melodía hace sentir en un primer momento que la simpleza de la forma coincide con una simpleza del fondo. Pero las oposiciones del retruécano final propician el final inesperado, breve, una comparación que permanece flotando en el ambiente, entre las dos estrofas, porque la canción es tan corta y sutil, como el impacto de las oposiciones de su letra.
Como suele ocurrir en toda la obra de José Antonio Nachón, Canción de la muerte enamorada es, pese a las diferencias señaladas, muy melancólica, de belleza sombría y profunda, como ambiente vespertino de jardín de enredaderas oscuras y estatuas musgosas.