Letra, música e intérprete: Alejandro Pérez-Sáez.
Disco: Tiempo de madera.
Disco: Tiempo de madera.
Nunca entendí
tus silencios abismales,
tu presencia sin palabras,
tus razones sin razones.
Nunca entendí
cuando ibas y venías;
que podías pasar la tarde
comiendo semillas de girasol.
Gira que gira,
montaña de nube.
Gira que gira, ilusión.
Nunca entendí
tus montones de revistas,
tus rincones con secretos,
tus enfados ni tus risas.
Yo nunca entendí
tus martinis solitarios,
caracoles en la cama,
tu mirar de caravana
que avanza y avanza
desiertos sin nombre;
avanza y avanza, ilusión.
Nunca entendí
tus desvelos voluntarios,
tus enfados repentinos,
ni tus sueños sin fronteras.
Yo nunca entendí
el desorden de tu pelo,
los colores de tu cara,
por qué pude y por qué no.
Muele que muele,
molino de viento.
Muele tu grano, ilusión.
Ilusión.
tus silencios abismales,
tu presencia sin palabras,
tus razones sin razones.
Nunca entendí
cuando ibas y venías;
que podías pasar la tarde
comiendo semillas de girasol.
Gira que gira,
montaña de nube.
Gira que gira, ilusión.
Nunca entendí
tus montones de revistas,
tus rincones con secretos,
tus enfados ni tus risas.
Yo nunca entendí
tus martinis solitarios,
caracoles en la cama,
tu mirar de caravana
que avanza y avanza
desiertos sin nombre;
avanza y avanza, ilusión.
Nunca entendí
tus desvelos voluntarios,
tus enfados repentinos,
ni tus sueños sin fronteras.
Yo nunca entendí
el desorden de tu pelo,
los colores de tu cara,
por qué pude y por qué no.
Muele que muele,
molino de viento.
Muele tu grano, ilusión.
Ilusión.

El segundo bonus track de la cuenta regresiva es un antihimno a la impenetrabilidad de una mujer, a ese carácter inaprensible, inclasificable, que colma la vida cotidiana de costumbres y gustos inconexos, pero adictivos para el condenado a ser testigo meramente ocular, un tanto desesperado porque jamás podrá descifrar el código, porque nunca encontrará los nexos que permitan aprehender realmente a la pareja. De este modo, las enumeraciones que utiliza Pérez-Sáez se suceden, para expresar justo todos esos ángulos sin relación, que arman ese garabato, ese jeroglífico, ese ideograma femenino, ese laberinto. Ya sea adjetivando o a través de metáforas, al estilo del poema Mi mujer de André Breton, el lenguaje de Semillas de girasol crea ese resumen dolorosamente ajeno y a la vez próximo, con mucha certeza. Las semillas de girasol que la mujer come toda la tarde simbolizan ese ser capaz del acto más inexplicable, más irreal, y que, sin embargo, encandila. Así, la elección de un elemento cotidiano, pero cargado de significaciones, le da a la canción el tono cercano al rock, que suele utilizar ese tipo de recurso, ya sea con nombres de calles, locales, personajes, etc., como podremos ver más adelante, y que vuelven más visibles y cercanos a los personajes.
A pesar de la limitante de la interpretación a guitarra acústica y voz, Alejandro Pérez-Sáez va soltando una melodía enigmática, con atractivos punteos que siempre están al filo de quebrar el ritmo, pero que lo solucionan al final, sin falta. No extraña entonces que de éste, su único disco solista, haya saltado al bajo eléctrico en el grupo de jazz Astillero.
Semillas de girasol tampoco califica absolutamente como rock, pero la compleja modernidad de su letra, su fondo profundo y cotidiano, así como el espíritu poderoso de los bajeos y punteos de la guitarra, se acercan mucho.
A pesar de la limitante de la interpretación a guitarra acústica y voz, Alejandro Pérez-Sáez va soltando una melodía enigmática, con atractivos punteos que siempre están al filo de quebrar el ritmo, pero que lo solucionan al final, sin falta. No extraña entonces que de éste, su único disco solista, haya saltado al bajo eléctrico en el grupo de jazz Astillero.
Semillas de girasol tampoco califica absolutamente como rock, pero la compleja modernidad de su letra, su fondo profundo y cotidiano, así como el espíritu poderoso de los bajeos y punteos de la guitarra, se acercan mucho.















