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viernes, 4 de junio de 2010

105. EL ABORDAJE (bonus track)

Letra, música e intérprete: Fernando Delgadillo.
Disco: Con cierto aire a ti.



Disculpe usted, siéntese aquí en este lugar.
¿Sabe?, me he estado preguntando cómo se podría llamar,
hasta la edad que tiene y uno que otro dato más.
Seguro, es a usted a la que le hablo. Verá:

es un momento que he esperado largo tiempo atrás;
siempre me estuve repitiendo: “espera, chico, ya vendrá”.
Más de una vez negué mi asiento para los demás,
niños, ancianos o señoras, esperándola encontrar.
Y hoy por fin es el gran día
—algo me dice que usted no viaja en tranvía—.
Usted me encuentra o yo la encuentro,
y tras interesarse un poco, me concedería un momento.
Yo me sentaría a su lado, por ejemplo,
porque es más cómodo viajar los dos sentados,
además de la ventaja de ir más juntos, ¿sabe, no?
¡Disculpe, todavía no acabo, no se pare!

Sepa que la imaginé
tan linda y delicada como usted,
viernes propicio, coincidencia, y sí,
es justo el tipo de chiquita que esperaba para mí.

¿Lo ha visto?, estoy de suerte, me ha pasado otra vez,
ya se ha desocupado un sitio, y justo junto a usted.
¿No se lo he dicho hace un momento?, estoy feliz de ver
que todo viene y va pasando como debe ser.
Diga algo, por favor.
Déjeme oír su voz, ¡vamos!
Tal vez será que la emoción le ha impedido decir…
¡Era una broma, no se enoje, no me mire así!
Hablando en serio, ¡encantado de conocerla!,
¡cómo me gusta usted!
Mire, de veras me interesa, ¡caramba!,
no es sólo el modo de dolerme en la cabeza.
Pero, falta esté de acuerdo, la invito a almorzar,
una comida, una merienda, un café nada más,
lo que prefiera, o casi todo, menos escapar,
hoy que por fin me la he encontrado y he empezado a hablar.
¿De qué se ríe?, ¿que dije “hablar”?
Bueno, suponga que hablo un poco más que los demás.
¡No siga riendo!, es un problema serio, y soledad.
¿Qué dice de la historia?, le falta el final.
Venga conmigo, la ayudo a parar,
deme, es pesado, yo lo llevo, vamos por acá,
tome mi mano y no se olvide de tomar con la otra el barandal.

Seguro me la imaginé
tan linda y delicada como usted,
o mejor dicho, es sólo un modo de llamar por acá,
a la sonrisa que en su risa me acabé de hallar.


Este primer bonus track es una pieza agilísima del trovador Fernando Delgadillo. Trovador de cepa más actual, seguro es justo eso lo que le permite acercarse al rock con menos problemas que trovadores más antiguos. El tema de El abordaje es también mucho más cercano a las preocupaciones urbanas y amorosas rocanroleras: aquí no hay un pronunciamiento político, ni un canto libertario o rebelde. Se trata de un retrato intimista del conflicto aparentemente mucho más mundano: la primera vez que se le habla a la chica a quien se ha admirado silenciosamente por mucho tiempo. La verborrea que el personaje desata marca su nerviosismo, en el que se pasa de la emotividad al humor involuntario y la inevitable metida de pata, todo enmarcado en un viaje cotidiano en el transporte urbano. No podía haber escena más común, y por lo tanto, más cercana. Por ello, Delgadillo escoge un lenguaje absolutamente coloquial, muy atinado, pues se trata de un monólogo en los hechos, pese a que busca ser un diálogo.
La música de El abordaje es un híbrido entre fox trot, dixieland, charleston e incluso campirana tradicional, con un arreglo que incluye banjo y violín, lo que resalta su espíritu humorístico ligero, y que recuerda experimentos similares, como When I’m sixty-four y Honey pie de los Beatles, El pastel de Nota roja, A mi mujer de Lucerna Diogenis, Canción del maleante de La Nopalera (aunque compuesta por Chico Buarque) o No te hagas de El Personal. Esta sola coincidencia ya refleja cómo con esta canción Fernando Delgadillo se acerca derechamente al rock, con un arreglo de instrumentos eléctricos y una búsqueda temática mucho más citadina.

miércoles, 19 de mayo de 2010

23. EL PASTEL

Letra y música: Jesús Echavarría.
Intérprete: Nota Roja.
Disco: Nota Roja.



Esa tarde se rompió de fiebre,
aprisionada en lo sensible de mi piel
—iba yo camino de tu casa,
el sol escurría bajo mis pies—.
“¡Mucho gusto, enfermo al conocerte!”,
te dije, con calor, esa primera vez.

Tú cocinabas en el horno
un gran pastel para la fiesta de un francés;
yo nunca pensé que, al convidarme,
qué sorpresa iba a llevarme:
toda la crema era para él.

Retiré del campo el ego herido,
y te dejé dormir, pendiendo de un reloj.
Hasta el día en que me raspé un recuerdo,
que estaba fijo a tu cintura, y me prendió.

Conseguí llevarte a una reunión;
tú me pediste una canción en español.
Tomábamos ron del mismo vaso,
cuando se quedó mi abrazo
entre la puerta y tu adiós.

Un día en que trataba de enterrarte,
en una fila militante te encontré
—ahogados de entusiasmo solidario,
marchamos varias cuadras juntos, sin hablarnos—.
Me esforcé en apenas saludarte;
te molestó ese “¡camarada!” descortés.

Y es que me he pasado el calendario
en establecimiento diario
de tu amor.
Sin sueños, sin ilusión dorada:
entre tú y yo no ha habido nada,
como no sea esta canción.


Si como On’tá ya habían creado canciones magníficas, pero más cercanas a lo trovadoresco, como la ya analizada Padre, padre, cuando Jorge Jufresa y Jesús Echavarría crearon Nota Roja, la mayor influencia rockera propició un único disco notabilísimo, rico en matices y nuevas propuestas sonoras y letrísticas. El pastel es un ejemplo extraordinario del nivel de inteligencia del grupo. El humor finísimo con el que Jesús Echavarría relata su malogrado amor juvenil, recuerda Marieta de Javier Krahe y Esqueleto de Choluis, pero con un manejo muy superior del lenguaje y los recursos literarios, mucho más intelectual, al estilo del humor de Woody Allen. No podemos dejar de reír ante la pequeña tragedia de la relación frustrada, que nunca tuvo esperanzas reales, y que se topó una y otra vez con reveses cercanos al ridículo para el protagonista. Si Ramón Gómez de la Serna definió su propia creación, la greguería, como “humor+metáfora”, la misma fórmula puede aplicarse para definir El pastel, pues la ironía sutil que encierra se plasma con un lenguaje poético rico, imaginativo y bello, con gran elipsis narrativa y metáforas y prosopopeyas redondas, realmente perfectas. ¿Quién no tiene un fracaso amoroso similar, un ridículo semejante, una historia de amor que nunca tuvo ninguna posibilidad? Pero el nivel de la rola no se centra en lo familiar que resulta la experiencia que relata, sino en la sutileza fina, la manera de reírse de sí mismo, el control absoluto de las imágenes que emplea el compositor, un verdadero prodigio estilístico.
Al igual que en la ya revisada Pastel Artaud de Mamá-Z, aquí el pastel es el símbolo que resume lo inalcanzable del éxito con esa mujer que es pura distancia, lo ajeno personificado. Recibir una rebanada, que es sólo una limosna, y notar que toda la crema se la sirvió a otro, es de una crueldad hilarante, pero cercanísima, cotidiana, el pastel nuestro de cada día, sobre todo para el romántico empedernido, anacrónico, sin cabida en el mundo contemporáneo. Así, El pastel es un nuevo Quijote de la Mancha, pero aquí la Dulcinea es más que un espejismo: es la realidad, la posibilidad, pero siempre de otro, en esta versión nueva y tragicómica del suplicio de Tántalo. Al final, como en Por el camino de Swann de Proust, la ironía mayor es haber perdido el alma, el corazón y el seso por una persona “que ni siquiera era mi tipo”, como se muestra una y otra vez a lo largo de todas los episodios chuscos de El pastel.
Pero si el humor de la letra es brillante, la melodía y el arreglo que la acompañan son maravillosos, no podían ser más coherentes con su naturaleza. Una vez más estamos ante una especie de fox trot, dixieland o charleston, como vimos al hablar de El abordaje de Fernando Delgadillo, y que también recuerda When I’m sixty-four y Honey pie de los Beatles, Canción del maleante de La Nopalera, A mi mujer de Lucerna Diogenis, Mi más viejo amor de Armando Rosas y La Camerata Rupestre, No te hagas de El Personal y hasta las que lo fusionan con el folk como I-Feel-Like-I'm-Fixin'-to-Die de Country Joe and The Fish y The 59th Street Bridge song (feelin' groovy) de Simon & Garfunkel. Sólo que quizá en El pastel la instrumentación de Nota Roja es más ambiciosa, más amplia, que en las otras canciones semejantes del rock mexicano. Los alientos, la guitarra eléctrica, el piano, sostienen el armazón de la melodía, y le imprimen una ligereza, una amenidad muy disfrutables. Además, la voz de Jesús Echavarría no podía ser más adecuada: fresca, festiva, cristalina, comparable a la de Arturo Cipriano o el mejor Francisco Barrios El mastuerzo en timbre y modulación.
Por lo tanto, El pastel es una canción logradísima, prácticamente sin imperfecciones, una verdadera lección de inteligencia y talento para los rockeros mexicanos. Una canción que debería ser un clásico, lamentablemente poco conocida, en una más de las contradicciones de la música nacional.