miércoles, 19 de mayo de 2010

22. VIADUCTO PIEDAD

Letra y música: José Elorza.
Intérprete: Cecilia Toussaint.
Disco: Arpía.



Desde aquí, desde arriba,
puente de Viaducto Piedad.
Desde aquí, desde arriba,
en un lomo de la ciudad,

alacranes esconden su malla,
a la Cruz Roja siempre una valla,
y la superimaginación
estalla.

Desde aquí, desde arriba,
el acero, luces de gas;
donde tú, azulejo,
sé bien que quisieras estar.

Carcajearte con todos tus chistes,
o leer tus novelas felices,
y no estar frente a un carro chocado, embrocado,
entre gritos y heridos y muertos,
y gritos y heridos y muertos,
y gritos y heridos y muertos…

Desde aquí, desde arriba,
puente de Viaducto Piedad.
Desde aquí, desde arriba,
en un lomo de la ciudad,

alacranes esconden su malla,
a la Cruz Roja siempre una valla,
y la superimaginación
estalla.

Desde aquí, desde arriba,
puente de Viaducto Piedad.
Desde aquí, desde arriba,
sé bien que debieras estar.

Porque aquí todo miro hacia abajo,
porque a nadie le importa un carajo,
porque a nadie le importa un carajo
si lloro, si muero, si grito,
si lloro, si muero, si grito,
si lloro, si muero, si grito…


En un caso más de la pobreza del rock mexicano, a José Elorza se le conoce sólo a través de su mayor intérprete: Cecilia Toussaint, porque nunca ha logrado tener acceso a una grabación propia, a pesar de ser un extraordinario compositor. Pero no es de extrañar: lo mismo ocurre con Roberto Ponce, Jaime Moreno Villarreal, Iván Rosas, Emilia Almazán, Fabio Morábito, Eduardo Langagne, etc. Lamentable, imperdonable. Pero como dije, gracias al trabajo de Cecilia podemos apreciar la riqueza creativa de Elorza. Un ejemplo notable es Viaducto Piedad. Una canción cruda, oscura, que se centra en la referencia citadina como símbolo, para significar algo más allá, al estilo de las ya revisadas Calzada de Tlalpan de Roberto Ponce, Suburbia madre de Guillermo Briseño o Perro en el Periférico de Rockdrigo. Pero Viaducto Piedad va al límite de la visión negra, desesperanzada. No se sabe si el personaje protagonista es testigo de un accidente de tránsito real, o si se trata de una imaginación distorsionada. El caso es que el instante de asfixia existencial que vive en el puente peatonal de la gran avenida se convierte en el grito, en el estallido que es la letra. Pero también contiene un reproche. ¿Hacia quién? No se dice, pero podría ser hacia una referencia específica, personal, o podría dirigirse hacia todos, hacia el resto, los que siguen (seguimos) encerrados en los infiernos propios, sin voltear nunca, sin auxiliar a nadie. Sin mirar a nadie. Y hay un deseo final, una necesidad de venganza ante la brutalidad de tal indiferencia: ojalá fueras tú, yo, nosotros, todos los que se lo merecen, los que tuviéramos que estar ahí, muriendo poco a poco. Tal vez si el dolor fuera más compartido, no dolería tanto. En todo caso, Viaducto Piedad es una crítica feroz hacia la indiferencia de los habitantes del D.F., hacia esa deshumanización, ese individualismo que ha terminado con cualquier posibilidad de sorpresa. Nada, ningún ente, ningún dolor, ninguna tragedia puede conmovernos ya, porque sólo curtiéndonos de esta manera se logra resistir, sobrevivir. Pero es una sobrevivencia de hombres sin rostro, sin calor, sin pulso, autómatas, inercias andantes. José Elorza estalla ante esta realidad, y comparte su instante de ruptura interna ante tal panorama, por si nos sacude el alma, aunque sea por un segundo. Porque la canción también incluye, en su cuarta estrofa, una crítica a los acomodaticios, los que se evaden a través de la ingenuidad —esa otra forma, tolerada y hasta aplaudida, de la estupidez—, la inconsciencia o de plano la corrupción (el “azulejo” aludido podría referirse al policía, a la autoridad corrupta). Pero no hay que engañarse: la canción no critica porque espere realmente una reacción. No hay esperanza, y la estrofa final lo reafirma: “a nadie le importa un carajo”.
Pero el lenguaje de Elorza no es obvio. Su estilo, siempre críptico —salvo en su composición más conocida y menos lograda, en una ironía más del rock nacional, y también interpretada por Cecilia: Carretera—, es quizá de los más elípticos del rock mexicano, como lo demuestran canciones como Sex Farderos o Astrágalo, estilísticamente complejas y brillantes. En Viaducto Piedad también acude a figuras literarias tenues, que sugieren, pero cuidadosamente alternadas con expresiones más enfáticas y claras, que aumentan el efecto emocional, desgarrado, que retrata el del (o la, en la versión de Cecilia) protagonista. Las rimas son asonantes, simples, propias de una letra de canción, pero bien logradas, y todo el trabajo formal equilibra el evidente interés mayor, emotivo.
La música de Viaducto Piedad es intensa. El arreglo del grupo de Cecilia Toussaint, Arpía, es de hard rock clásico, muy poderoso, con el estupendo requinto de José Luis Domínguez. Y si le sumamos la voz de Cecilia, que se caracteriza justo por la intensidad y la garra, más que por las florituras modulares, el resultado es una rola muy intensa, brava (por algo sus trabajos posteriores, más sutiles, no han alcanzado el mismo nivel, porque no se corresponden con sus cualidades vocales e interpretativas). Canción de desgarramiento y hartazgo puros, Viaducto Piedad es rock fuerte del más alto alcance.

5 comentarios:

  1. Hay una corriente muy importante en el rock nacional que temáticamente trata la urbanidad en todas sus formas y hay una más específica, que habla de la calle, en esta hay muchas canciones, recordé "San Jorge y el Dragón" de Botellita, "El Blues de la llanta" del Three souls, el disco completo que se llama "Trolebús en sentido contrario" de Trolebús y seguro hay más y Viaducto es en este campo una de las más logradas, de acuerdo contigo en que el acompañamiento de Arpía no le pide nada a ningún grupo inglés o gringo.

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  2. Mi buen Pingüino, me extraña que esta rola haya quedado en este lugar, no porque no sea buena sino que para mi la letra a simple oída, no me decía nada!!

    Únicamente que en vivo ella cantaba al final
    si lloro, si muero, si grito,
    si lloro, si muero, si grito, si meo!!
    Y todos gritábamos huuu!!

    Ahora volviéndola a escuchar y con tus comentarios se me hace redescubrirla.

    La buena de Cecilia, la que “compone” la música del Jaime Lopez, del Jose Elorza, etc.
    tantas veces verla!!, recuerdo en una ocacion que la fui a ver al Auditorio Nacional, estaba en su mero apogeo y yo bien feliz porque ella llego antes que ninguna otra rockera a ese lugar y fue su noche, ese día le abrió a los “Enanitos Verdes” y terminando Cecilia pos nos salimos la neta no aguantaba a los Enanitos, (al pasar los años ya me gustaron un par de sus rolas), jejeje.

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  3. Ja ja, comparto tu desdén hacia los Enanos, aunque yo lo sostengo intacto... Qué bueno que el blog sirva para revalorar las rolas. Y lo comprendo, porque también me ha pasado. Uno también madura como escucha y analista...
    Un abrazo.

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  4. Tantas. Veces he escuchado esta rola y solo ahora me doy cuenta de quenunca puse atención a que decía la letra uppss

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  5. Ja, ja, todos lo hemos hecho, estimada babatis, y ni hablar de las canciones en inglés: sólo hasta ahora que internet facilita el acceso a las traducciones, los que no hablamos dicha lengua podemos conocer lo que antes sólo valorábamos a medias. Eso ha provocado muchas sorpresas, malas, buenas, pésimas y magníficas, pero al fin completas...
    Saludos.

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