martes, 18 de mayo de 2010

11. LA VÍBORA

Letra y música: Fabio Morábito.
Intérprete: Carmen Leñero.
Disco: Casas en el aire.



De chica la envenenó una víbora,
bajo una luna púrpura.
Pudo llegar a ser alguien, mas la víbora
le deparó un sino errático.

Tenía aptitud para el arte y para todo deporte,
pero tuvo en la sangre un obstáculo,
que la empujaba a rodar por los caminos, inerte,
enamorada de la canícula.

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…

De chica la envenenó una víbora,
entre la falda y la rótula.
Pudo haber sido cantante de ópera,
rubicunda y sólida.

O trapecista sin manos, clavadista sin aire,
o madre de una tribu sonámbula.
Pero fue todo inocencia, una cascada sin vuelta,
piedra que abre sus poros a nada.

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…
Que nadie, que nadie llama...

De chica la enamoró una tarántula,
la más ponzoñosa y sórdida,
que la picó entre la lengua y la rótula,
y en sus partes recónditas.

Hasta dejarla sin aire, con la lengua morada,
con las piernas temblando y separadas.
Y no pudo pedir ayuda a nadie del barrio.
Desde entonces fue descarriada.

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…

Cómo se cuela el aire por la ventana…
Cómo se cuela el aire que nadie llama…


Al analizar Nunca dejaré que te vayas de Carlos Arellano hablamos de lo difícil que es hacer una crítica a la mujer mexicana. Muy pocos autores se atreven, no sólo porque ponen en riesgo la mitad de su público, sino porque, como mencionamos, se les puede tachar de machistas o sexistas de manera muy facilista. Entre las excepciones literarias destacan Juan José Arreola, que analiza el papel de la mujer a partir de la ironía de cuentos como Anuncio, y también Juan Rulfo, que retrata los vicios del género a través de sus personajes femeninos en cuentos como Anacleto Morones o Talpa, y lo mismo en opiniones recogidas en entrevistas (entre otras cosas, responsabiliza a la mujer de azuzar al hombre al poner en duda su masculinidad, en la Guerra Cristera, y también dijo que “las mujeres son redondas”, es decir, inaprensibles, incomprensibles). Así, señalar un vicio, una deformación cultural, una característica poco ética de la mujer, resulta muy poco común. Por mi parte, una y otra vez me topé en la vida con un rasgo muy definido y continuo en la mujer mexicana, lo que me hizo pensar que debía ser una herencia cultural, idiosincrásica, que se ha vuelto casi infranqueable para el género: el inexplicable gusto por los patanes, en contraste con el desinterés que les inspiran los hombres buenos. En un principio creí que se trataba de casos aislados, mujeres inmaduras e histéricas, como parte de una minoría. Pero la agotadora repetición del mismo molde, más allá de edades, intereses profesionales, niveles culturales y clases sociales, me llevó a concluir que ya era parte de una deformación de género, y por lo tanto, una desviación en el proceso formativo de la mujer promedio, una confusión ética muy arraigada en la cultura femenina. Sin embrago, pese a la continuidad de los casos, ya inconmensurables, no dejaba de sentir que podía ser una interpretación parcial, limitada. Hasta hoy no sé si sea válida esa conclusión, nunca medida o analizada científicamente, pero lamentablemente la experiencia así me lo sugiere. Y recordé entonces que de una u otra forma ese es el tema central de una novela mexicana, ya añeja: El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, e incluso indirectamente de Santa de Federico Gamboa. ¿Esa característica no sería, entonces, una consecuencia de un proceso histórico en la cultura de género en México? ¿Existe alguna diferencia entre lo que yo veo en las mujeres de fines del siglo XX y principios del XXI, con el comportamiento del personaje Manuela de El Zarco, enamorada de un bandolero, y que en cambio rechaza el amor limpio de un hombre bondadoso? Seguramente la objeción sería que el machismo de tal juicio es el añejo, y no ese rasgo femenino. ¿Pero realmente eso explica todo? Cada quien podrá sacar sus propias conclusiones.
Obviamente, la crítica a la mujer tampoco es muy común en el rock mexicano. El caso más extremo, en realidad muy liviano y poco refinado, pero con el mérito de ser claro y directo (se comparta o no su opinión), es el de Viejas del Distrito Federal, de Three Souls in my Mind, el antecedente de El Tri. Los demás casos son en realidad muy indirectos, anecdóticos, centrados en una sola mujer, y no en el género, como El seguramente de Jaime López, la humorística Lola la traidora de Choluis, o la ya revisada El pendiente de Jaime Moreno Villarreal, además de la mencionada Nunca dejaré que te vayas, entre muchos otros ejemplos indirectos. En general, hemos visto aquí canciones de amor y comprensión hacia la mujer (incluyendo las prostitutas, como en Paria’s blues de Real de Catorce o Alma de tabique de Jaime López, según analizamos). Rolas como las revisadas Ella de Carlos Arellano, ¿Qué vas a hacer? de Iván Rosas o Las mujeres solas lo hacen de Jaime Moreno Villarreal se internan en el alma femenina, pero no desde la postura crítica, sino desde la sensibilidad y la ternura, absolutamente nobles y meritorias (además de las incontables canciones de desamor, por supuesto, a lo más que se llega generalmente). No obstante, como ya dije, esa crítica también es necesaria, y aporta para la liberación de las mujeres, para que puedan romper con las exigencias atávicas de la sociedad hacia su rol, impuesto, lleno de presiones y manipulaciones desde la infancia. Por ello, es de agradecer una canción como La víbora de Fabio Morábito, que conocemos por la maravillosa interpretación de Carmen Leñero. Esta rola vuelve al análisis del problema que mencioné antes, y que trata El Zarco: la mala elección amorosa de la mujer, a favor de un tipejo, una “víbora”. Pero Morábito, como poeta experto, escoge mantener la tensión, ocultar el sentido hasta el par de estrofas final. Si se excluyera dicho par, la canción podría sugerir una historia de abuso sexual infantil, de violación. Pero cuando dice “la enamoró”, devela que no se trata de abuso, sino de seducción, y por lo tanto, igual hay una elección libre de la protagonista. Y por eso podemos entender que en toda la rola Morábito escoja “de chica”, y no “de niña”, porque así puede incluir la adolescencia, etapa de las elecciones amorosas reales (es decir, no las fantasiosas infantiles). Así, La víbora muestra las consecuencias de esa mala elección amorosa recurrente en la mujer mexicana, que marca emocionalmente, que deja huellas en el comportamiento, sobre todo en la adolescencia, y que es producto de una mala formación de género, insertada en la mente y el alma femeninas por herencias culturales de errada autoestima, mala valoración de lo auténticamente meritorio, superficialidad y nulo espíritu crítico. Tal como señalamos al analizar Nunca dejaré que te vayas, esta condición convierte a la mujer en víctima-victimario, y La víbora así lo subraya. Una mala lectura podría concluir que Morábito se centra sólo en el papel de víctima de la mujer. Pero en realidad lo que escoge es narrar desde cierta distancia, siguiendo la historia, eso sí, a partir del personaje femenino. Es cierto que los adjetivos negativos señalan a la víbora, pero es una consecuencia estilística lógica, al escoger el recurso de la semi-fábula de tono infantil, remarcado por la elección de las palabras esdrújulas para cerrar los versos. Como sea, aunque la crítica hacia la mujer también sea indirecta, el final de la letra tiene un cierto dejo irónico, de falsa —o por lo menos ambigua— justificación, y sobre todo un énfasis en la pérdida de posibilidades que la mujer se acarrea al limitar su mundo al de una pareja mal elegida. En todo caso, al explicarse por su peso idiosincrásico, histórico e incluso de contradictorio sincretismo religioso, la deformación de género bajo la cual crece la mujer en México realmente la coarta, la hace víctima real de la estrechez de horizonte de los mecanismos sociales de control. El hecho que eso mismo la convierta después en victimaria y continuadora de la misma dinámica perversa como madre, no anula la franca dificultad para zafarse de esa presión terrible, de esos parámetros inexpugnables, de ese mundo de víboras y tarántulas. De ahí la importancia del estribillo: “cómo se cuela el aire que nadie llama…”, es decir, cuánto se le impone a la mujer, cuánto la acorralan los medios, la publicidad, los padres y su pretensión de que sea “princesa”, el machismo, la mercadotecnia, la religión, etc. La resiliencia de las que se zafan de ese molde es realmente milagrosa. Pero por eso mismo, imposible de exigir.
Como ya dijimos, en La víbora Fabio Morábito utiliza el lenguaje con un control extraordinario. La elección de las esdrújulas, la cuidada alegoría que termina creando una pequeña fábula, la combinación de elementos no tan cercanos léxica y semánticamente (como “falda” y “rótula” o “piedra” y “poros”), además de su inteligente estribillo, relatan el conflicto femenino de manera poética, emotiva, cercana a la inocencia infantil, pero con un trasfondo trascendental y reflexivo. Y la música enmarca perfectamente ese mismo vaivén, al partir casi con una vuelta sobre sí misma, de la tónica menor a un fugaz disminuido, que cae en una tercera menor como en un pequeño remanso, además de una melodía de temperamento ascendente en el estribillo, cálida, un poco melancólica, conmovedora.
Por su parte, la interpretación de Carmen Leñero es magistral. Su timbre especial, distintivo, casi aterciopelado, cercano al de Dolores O’Riordan de Cranberries y aun al de la añeja baladista angloespañola Jeanette (me disculpo por la vergonzosa referencia, pero debo reconocer que su exitosísima Porque te vas —para acabarla de amolar compuesta por el infumable José Luis Perales— para mí forma parte de lo que se ha llamado placeres culpables, debido a que me hace evocar inevitablemente la maravillosa película Cría cuervos de Carlos Saura, de la que es fundamental en su historia y banda sonora), puede resultar algo irritante para algunos, pero al menos a mí me parece muy dúctil, apto para notas y modulaciones poco explorables para otros timbres, como lo muestra su interpretación de la ya mencionada Misión del poeta, poema anónimo prehispánico musicalizado por Arturo Meza. En La víbora el timbre de Carmen Leñero funciona perfectamente, justo porque su línea aguda y dulce tiene algo de infantil o adolescente, así que nos vuelve más real a la protagonista. Y en el estribillo y la segunda voz y los discretos coros hechos por ella misma, su modulación es impecable, emotiva. El arreglo, a cargo de Luis Leñero, vuelve a La víbora una especie de reggae veloz, muy bien adornado por un magnífico solo de sax, que hace a la rola más cálida y profunda. Por todo lo dicho, La víbora ahonda como pocas canciones en el alma y la psique femeninas, en sus contradicciones primigenias, dolorosas y aun trágicas, a través de una composición muy trabajada de Fabio Morábito, y una interpretación intensamente sensible de Carmen Leñero. Literalmente, un hallazgo de dos poetas.

30 comentarios:

  1. Ya te había dejado un comentario ¡que pasó con él? si no se quedó, lo vuelvo a dejar.

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  2. No sé qué pasó, Ariel, porque yo no he borrado, ni borraré (salvo que sea un insulto) ningún comentario. Así que sería buenísimo que lo pusieras de nuevo. Ya otra persona por mail me dijo que no se pudo publicar su comentario(lo puse yo en la rola "Botones", como me encargó). No tengo idea por qué. Habrá que insistir, supongo...

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  3. Decía más o menos así:
    Que este disco de Carmen Leñero también lo perdí y no lo disfruté como es debido, que a mí "Porque te vas" me gusta mucho por el arreglo, la voz de Janette y hasta la letra de Perales y que no me avergüenza que me guste esa rola, sino que la disfruto mucho.

    También te decía que lo que comentas sobre las virtudes de Carmen como cantante no tienen discusión y que hace meses no dejo de escuchar "La perspectiva del gato" que es un discazo.

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  4. Me parece que hablar de que "la mujer elige mal" es en realidad la eterna trampa que se nos ofrece a las mujeres en esta sociedad patriarcal. Tras una domesticación de mínimo unos 20 años, en donde figura el príncipe azul, el macho protector, el agresivo, el fuerte, el importante, etcétera, cuando las mujeres tienen que "elegir", en realidad el sistema ya eligió por ellas, y es así como las mujeres anulan sus proyectos y viven para los otros. Encuentro diversas contradicciones en el análisis, no obstante, me encanta la poesía de Fabio Morábito y la voz de Carmen.

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  5. Estimada Anónima:

    Gracias por la visita y la opinión. Como todas aquí, es totalmente respetable, y parte de la libertad intrínseca de un medio que se escoge público. No obstante, mi parte de libertad es la que me permite disentir, o mejor dicho, sentir que tu postura se queda corta. La explicación que das de la "elección" de la mujer en realidad está puesta en mi mismo análisis, y creo que una lectura atenta lo puede corroborar con toda facilidad. No obstante, si bien eso explica la parte de "víctima" a la que me refiero, tu reparo no se mete con la parte de "victimario" que la mujer adquiere como consecuencia de esa deformación de género en México (ojo, hay que aclararlo, porque en otros países la realidad de la mujer varía, en algunos para bien, y en otros para mucho peor). Esa parte de victimario es la que explica la auténtica atracción, aprendida, hacia los patanes, y el hecho de que los hombres buenos no les resulten atractivos. Pero también se ve en el sostenimiento y promoción del machismo cuando son madres y educan a los hijos de manera diferenciada en derechos y obligaciones, o simplemente en el sostenimiento de roles inequitativos. Me parece que justificar esa actitud de victimaria sólo por la innegable manipulación social y cultural de la que deriva, a estas alturas ya no cabe mucho. Me parece que es la autocrítica y la ruptura con los moldes establecidos los que permitirán el cambio en esa manipulación de género, y no seguir estancadas en la queja y la justificación, que a estas alturas de la historia ya suena cómodo, y además le resta todo el mérito que tienen las mujeres que sí rompen, que sí se revisan críticamente y que sí luchan por modificar las cosas. Y creo que los hombres críticos y sensibles como Morábito, Arellano y otros asrtistas nombrados en este blog, si bien aportan mucho desde la comprensión y la calidez, también lo hacen desde la crítica, la ironía, el huumor, etc. Sería una pena si las mujeres no logran ver esto, y caen en el facilismo de acusar de machismo o sexismo a cualquiera que trate de aportar desde el trabajo más sucio y menos reconocido, pero no menos valiosos, de esta última vía.
    Por otro lado, lamentablemente no mencionas cuáles son las supuestas "diversas contradicciones" de mi análisis, así que con ello me impides el derecho de réplica. No obstante, releí detenidamente mi propio texto en su búsqueda, y a reserva de profundizar luego si te decides a detallarlas, no encontré ninguna. Lo que sí hay es, por un lado, un intento de ver el problema desde distintos ángulos, lo que, imagino, puede parecer contradicción a algún tipo de lector. Por otro, hay un desglose de la situación misma, que esa sí es contradictoria (lo ejemplifica claramente el término víctima-victimario), así que podrías estar achacando erróneamente al analista un rasgo del problema analizado.
    Por último, quiero señalar dos problemas en cuanto a tu réplica. El primero es que al centrarte en el fondo, ignoras completamente la parte del análisis en cuanto a la forma y la emoción de la letra, y toda la parte de la música, por lo que tu calificativo sobre mi análisis es, por decir lo menos, parcial. Y el segundo, que me parece más grave, es que señalas tu gusto por Morábito y Leñero, "no obstante las 'contradicciones' de mi análisis", como si lo primero dependiera de lo segundo. Esa sí que es, si no una contradicción, al menos sí una confusión total.
    Saludos, y gracias de nuevo.

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  6. ESCANDALO!!!!!!!!!!, CUESTIÓN DE OPINIONES, PERO UNA DE LAS MEJORES CANCIONES DEL ROCK NACIONAL, A CARGO DE CARMEN LEÑERO ES:"CONEJO BLANCO", CON HERMOSO ARREGLO VIOLÍN-SINTE, GUITARRA DE ICAR SMIHT Y UNA LETRA LLENA DE IMÁGENES Y HERMOISA INTERPRETACIÓN.

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  7. Coincido, estimado Fidel, aunque yo prefiero mil veces la versión del mismo Jaime Moreno Villarreal, aun con la limitante de la guitarra sola rupestre. Pese a ello, no sólo no me parece que sea mejor que las 6 rolas de Jaime que aparecen aquí, sino incluso que "El apagón", o para el caso de una versión de Carmen a rola suya, "El corazón", que aparecen en el otro blog, y aun otras rolas en versión de Jaime que todavía no analizo, como "La noche de todos los viernes" o "Cometas". Claramente la diferencia es mínima entre rolas de tal calidad (ya dije varias veces que para mí Moreno Villarreal es el mejor letrista del rock mexicano), pero aun así no me parece que esté por encima de las que menciono. Pero bueno, es opinable.
    Muchos saludos.

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  8. Estimado y admirado Pingüíno, quería comentarte un par de cosas: en primera, gracias a tu blog descubrí la faceta musical de Fabio Morábito, quien es uno de mis escritores favoritos; tanto en narrativa como en poesía me parece genial el tipo y veo que las dos canciones que incluyes aquí tienen ese mismo nivel de excelencia; grata sorpresa. La segunda cuestiòn: ayer en Radio UNAM escuché una charla de Enrique Quezadas, y aparte de su interesante música, me llamó la atención algo que dijo, una idea que a muchos nos revolotea en la cabeza: que las canciones educan, son parte de la "educación emocional" del mexicano; que tantas canciones monotemáticas, juangabrielescas, a la Jose Alfredo, que hablan de amores fallidos, rencor, autocompasión, etc. han contribuido a esta visión un tanto torcida, sufrida con que los mexicanos interpretamos y vivimos nuestras relaciones amorosas. Me gustaría saber qué opinas, què tan cierto crees que sea ese fenómeno; me pareció que en la sección de comentarios de esta canción podía caber la consulta, atisbo algunos vínculos con lo que escribes en la reseña. Saludos cordiales.

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  9. Mil gracias, estimado Daniel, y qué bueno que estés de vuelta por acá, aportando comentarios tan enriquecedores.
    El tema que señalas es muy amplio. Coincido completamente con la primera parte del comentario de Quezadas, que la música educa. Pero no tanto con la segunda, que las canciones son las que deforman (partiendo de que ni de lejos me parece lo mismo Juan Gabriel que José Alfredo) la visión del amor del mexicano. Yo más bien creo que primero reflejan una visión ya distorsionada antes, por el resto de la cultura (culparía mucho más a la televisión, por ejemplo), y luego, si acaso, la refuerzan, pero no que la originan. Creo que José Alfredo podrá ser limitado, pero fue un creador honesto, que vivía plenamente la realidad de sus canciones, y reflejaba lo que sentía. Juan Gabriel ya refleja mucho más un cálculo mercadotécnico, aunque debo reconocer que comparado con lo que Televisa impondría después, todavía es casi valorable, de puro contraste. Finalmente, creo que lo que sí es distintivo del mexicano es su fuerte relación catártica con las canciones, algo que no ocurre igual en otros países. La función catártica sin duda ha sido la más recurrente en la historia de la música popular del país. Es sólo desde esa distorsión que ha creado Televisa que todo se ha volcado hacia la función rítmica y bailable, pero antes de eso, incluso la balada comercial explotaba el sentimentalismo, sí, pero básicamente desde el desahogo, de ahí la proliferación de la canción trágica, sobre todo ranchera. Pero bueno, habría que ahondar con más calma en el tema, así que lo seguiré pensando. Por ahora dejo estas opiniones, como mero inicio del intercambio de ideas...
    Muchos saludos.

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  10. Gracias por la respuesta. Creo que tienes razón, es como los narco-corridos: obviamente canciones de ese tipo no originaron el fenómeno del narcotráfico, pero sí me parece que lo refuerzan, y al menos para mí, cada vez que alguien escucha eso se me hace un desplante brutal, una falta de respeto al sufrimiento de tanta gente vìctima de la narco-violencia. Es interesante la relación entre música y dinámicas psicosociales; por ejemplo, volviendo al narco-corrido, en un futuro historiadores y sociòlogos los escucharàn y concluirán que esas canciones eran una manifestación del envilecimiento social de estos días. Yo así lo veo, pues; esa música que hace apologìa de la brutalidad, del consumo de drogas, y en general la música comercial de banda hoy tan de moda, con sus letras elementales y sexistas (curiosamente muchas de ellas tratan sobre infidelidad), me parece la música de fondo de este periodo medio decadente en México. En la colonia populachera del sur del DF donde vivo, esa es mi percepción: calles sucias, una infestación de carros, pésimo transporte, proliferación de giros negros, criminalidad, áreas y parques descuidados, changarros precarios e informales (muchos de ellos de piratería y de la comida chatarra que tiene a medio paìs enfermo), narcomenudeo y drogadicción, y como música eterna de fondo, banda y narco-corrido, desde el abiertamente violento (el Komander), hasta el “sutil” que pasan en la radio, como una canción que dice algo así como “andas con el gato del gato del patrón”, obviamente todos entendiendo a qué tipo de patrón se refiere. Bueno, pues hasta aquí la respuesta-desahogo, jaja, muchos saludos.

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  11. Añadiría, estimado Daniel, que al narcocorrido, que es, como dices, canción de apología, y no de expresión sentimental, sí lo mueven hilos más notorios de búsqueda comercial, a través de un impacto facilista y un sonido campirano norteño que le da en el gusto a su público regional, para hacerlo sentir importante, casi épico. Pero como no hay héroes reales que exaltar, se ensalza el machismo del lado opuesto, el que arriesga la vida frente a otros matones por el negocio de la droga, en medio de una efectiva distorsión valórica, tal como dices. Pero justo por eso mismo es que hay que cambiar la táctica fallida de la prohibición, que sólo expone a los adictos y los que se quieren freír el cerebro por gusto al trato con los narcos, y crea el mercado negro que señalas. Por eso hay que apoyar el acto libertario y despenalizar la droga, aunque esa libertad se ejerza estúpidamente, a opinión de uno... Pero bueno, ese es otro tema, así que seguiremos reflexionando...
    Un abrazo.

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  12. Estimado Pingüino y Daniel Albarrán, eh aquí un buen articulo sobre lo que comentan sobre las canciones, espero les guste!!

    Celebro, Jaime López, que tu nueva canción me atrape con las defensas bajas y el espíritu arriba. La seguiré escuchando en los días que vienen, especialmente cuando ya no suene, y algún día remoto recordaré estos días a partir de su hechizo pertinaz. Vista, pues, la dificultad de alguna vez pagártelo, dejo estas líneas para agradecértelo.
    http://www.milenio.com/firmas/xavier_velasco_pronosticodelclimax/vale-cancion_18_230556947.html
    Saludos

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  13. Mil gracias por el aporte, amigo Margarito, aunque no sea exactamente de lo que estábamos hablando. Pero igual muy interesante artículo.
    Un abrazo.

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  14. Interesante texto y chida la rola, Margarito, gracias!

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  15. Volviendo a esto de las letras sorprendentes, Pingüino, te quería compartir la letra de una canción de banda que se está poniendo de moda:

    "Ya sé que eres muy sentimental por las cosas que te digo
    obvio tienes que llorar soy un compa muy celoso
    y perdón por tanto oso y uno que otro zafarrancho

    Claro que si te busca ese bato me voy a poner muy grave
    y te voy a armar un pancho tengo que cuidar lo mío
    y perdón si desconfío soy así porque te amo

    Claro que exploto porque te amo
    ya vete haciendo a la idea de que seré tu guardaespaldas
    te prohíbo minifaldas y no es que sea posesivo sólo quiero estar contigo

    Claro que voy a usar la violencia si ese perro se te acerca
    con intención de ligarte le voy a dar en la madre
    para que no tenga ganas de volver a molestarte

    Sé que tengo fama de machista
    así somos los del rancho pregúntale a tu papá
    puedes llamarme inseguro amorcito te lo juro soy así porque te amo"

    Obviamente este es un producto comercial para vender y entretener ¿pero nada más? También es un retrato esquemático y caricaturizado de los celos en las relaciones de algunas parejas, ¿o no? "Es el reflejo de una ideologìa", me dice una amiga que estudia y participa en cuestiones de género. No sé, me parece muy interesante todo este fenómeno, reflexionar por qué estas canciones le "llegan" tanto a hombres y mujeres, y qué nos dicen de la conducta y mentalidad de la gente. Intuyo cierta carga de moralina en mis observaciones, pero creo que vemos aquí otra expresión de la distorsión cultural que señalas en tu análisis de "La víbora".

    Curiosamente, en la versión de radio censuran lo de "le voy a dar en la madre" (ponen "le voy a dar con el guante"). Todo lo demás es perfectamente aceptable para los censores.

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  16. No me extraña lo de la censura, amigo Daniel. Recuerdo una tira de Mafalda en que su mamá le pide que no vea un programa de tele en que una pareja se besa, y en cambio la invita a ver un cuento infantil en que un ogro o algo así se come a un niño, o algo semejante. La reflexión consecuente de Mafalda lo dice todo...
    Revisando lo dicho comentarios antes, y retomando la distancia que veo entre Juan Gabriel y José Alfredo, se me ocurre comparar la canción que señalas ahora con una balada antigua sobre el mismo tema: "O tu o yo", que cantaba José José. Creo que el tratamiento refleja lo dicho sobre José Alfredo y Juan Gabriel, y también cómo lo actual ha empeorado, porque ya ni siquiera se ve sentimiento alguno, aunque fuera errado...
    Por mi parte, más que hablar de moralina o no, reitero que la solución tendría que ir por el desarrollo cultural y la amplitud de opciones en los medios, y nunca por la prohibición o la censura. Educando se mejora el gusto, pero de la otra manera sólo se evade el problema, creo yo...
    Un abrazo.

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  17. ¡Cierto! Nadamás le había prestado atención vagamente a esa letra. Y así podríamos encontrar docenas de ejemplos. Sobre la cuestión educativa, las propias canciones pueden ser material didáctico para que en las escuelas u otros espacios se discutan, se analicen, se contrasten con otras (como las de tus blogs) y propicien debates, etc. Puede ser una opción. Muchos saludos.

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  18. Sin duda las canciones, como obras de arte (las que lo son, por supuesto), son de las mejores herramientas para educar y abrir mentes, y como profesor lo sé de cierto.
    Muchos saludos.

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  19. Oye Pingüino, y de las canciones de Juan Gabriel, ¿cuál crees que es la menos mala? Saludos

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  20. Ja, ja, esa sí que es pregunta complicada, amigo Daniel, porque valorar desde "lo menos malo" es casi la lógica inversa de este blog. Por ejemplo, primero habría que diferenciar si tu pregunta busca saber qué canción considero menos mala en su calidad, o cuál es la que menos me disgusta. Ambas cosas no son lo mismo (como en este mismo blog he explicado que no es lo mismo lo que más me gusta que lo que encuentro mejor). Ante obras malas de calidad bastante similar, porque justo se caracterizan por la repetición de una fórmula que garantiza el éxito de ventas, lo que las hace uniformes, quizá tendría que basarme en la que encuentro más sincera en su expresión emocional, más "sentida" y, por tanto, con cálculo comercial ligeramente menor. Pero ahí sí que es una mera suposición, más basada en la apariencia de la interpretación que en algo realmente objetivo. Eso si busco la menos mala, porque si busco la que menos me disgusta, tendría que valorar si formó parte de algún recuerdo de época, alguna vivencia (por ejemplo, si sonaba de fondo en la radio en momentos de una relación o un enamoramiento, si se cantaba en algún patio escolar, etc.). Así que está difícil.
    Pero bueno, tomando en cuenta quizá una mezcla de ambas cosas, yo diría que quizá es "La diferencia", que tiene un tratamiento un poco más original, y que parece más sentida. Y si es porque me evoca algo, podría mencionar "Adiós amor, te vas" y "MI fracaso", además de cierta debilidad adolescente que tuve por "Yo no nací para amar" y "Ya lo sé que tú te vas". Pero como verás, puro placer culpable inconfesable, ja, ja.
    Muchos saludos.

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  21. Gracias por la respuesta, ahora escucharé con otro oído esas canciones. A mí me gusta la de "El insensible", especialmente por el saxofón, lástima que dure poco. Oye ¿y sigues con los Diálogos o ya estás con otra lectura? Saludos.

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  22. Obviamente no hay que olvidar, amigo Daniel, que en ningún caso encontraría nada realmente recomendable de Juan Gabriel; sólo era un rescate forzado, como cada que hay que escoger "lo menos malo". Lo digo porque nunca falta el típico troll oportunista, con nula comprensión de lectura, pero sobrada mala leche. Aunque en realidad nada significa la opinión de alguien así, pero bueno...
    Sigo con los "Diálogos", pero ya estoy a tres páginas de terminar el penúltimo, y sólo me faltará "El sofista", que es corto. En todo caso, ya tengo escogida la siguiente lectura: "Leviatán" de Paul Aster, a quien nunca he leído, y que me han recomendado varias personas, y que me regaló mi compañera hace unas semanas sabiendo mi deseo de leerlo. A ver si es lo que dicen...
    Un abrazo.

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  23. De vuelta por aquí, estimado Pingüíno, porque hace poco sufrí un rechazo de una mujer que me interesaba, y me acordé de lo que escribes aquí sobre la preferencia de ciertas mujeres por los patanes en vez de los tipos "buenos", y se me ocurrió comentarte lo siguiente. ¿No será más bien que lo que quieren es una pareja divertida, con quien reir, desfogarse, vivir experiencias intensas? Luego resulta que muchos de esos tipos divertidos son patanes, pero de eso se dan cuenta después; lo que las atrae es su ánimo desmadroso, desparpajado, rebelde; y lo que sucede con los "buenos" es que son demasiado tranquilos...aburridos, pues. Lo comento porque he vivido un patrón de rechazos, y creo que por ahi va: mi excesiva introspección y falta de interés en los desmadres típicos (no me gusta beber ni desvelarme, por ejemplo) aburren a las mujeres que pretendo, y de plano la última me lo dijo abiertamente: "eres muy callado, muy tranquilito...me aburres." ¿Cómo, si soy un tipo bueno, amable, atento? Pero es que más bien es eso: para ellas soy un "tipo frío y aburrido", y perdón por la referencia a la horrenda canción de Maná, jeje. Bueno, ¿qué opinas?
    Y otra cuestión, ya que esta canción la canta Estela Leñero ¿qué opinas de la obra de su papá Vicente, ahora que murió?
    Y ya por último, agradeceré como siempre que me digas qué estás leyendo. Un abrazo.

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  24. Exacto, amigo Daniel, es Carmen, y hasta donde yo sé, no tiene relación con Vicente Leñero, ¿o sí? Al menos nunca lo había oído...
    Respecto al primer punto, en realidad no creo que vaya por ahí, porque al menos en mi experiencia (directa u observada en otros) el humor, lo divertido o la sociabilidad de los patanes no es lo que ha hecho la diferencia, porque algunos eran bastante bruscos incluso, y si no, quizá no los llamaría patanes, sino farsantes o algo similar. Ni siquiera me refiero a los tenorios, que seducen con un discurso falsamente sensible y romántico. Cuando hablo de patanes me refiero justo a tipos que las tratan de plano mal, que las engañan, agreden físicamente, etc., y a los que ellas se aferran inexplicablemente. Así que lo veo por otro lado. Fíjate que hace unos meses vi una película que no es nada del otro mundo, pero igual me entretuvo, llamada "Las ventajas de ser invisible", y en un diálogo un adolescente le pregunta a un profesor de literatura justo por qué personas valiosas aman a malas personas, y él le responde: "aceptamos el amor que creemos merecer". Me parece un comentario atinado, y creo que las mujeres señaladas tienen al final un gran problema de pésima autoestima, así que eso, sumado a una inmadurez derivada de las deformaciones de género que señalo en el análisis de esta rola, me parecen que explican más el problema. Pero lo seguiré pensando, a ver si se me ocurre algo más...
    Respecto a Vicente Leñero, sólo he leído dos libros suyos: "Los periodistas" (algo hablo de él en el análisis de "Quítame tu comic de la vista", si mal no recuerdo) y "Los albañiles" (una muy buena novela, que por cierto leí mientras albañiles reales hacían trabajos en mi casa paterna, cuando aún era estudiante, algo totalmente pensado para sentir más el ambiente, un tipo de divertimento inocentón, pero muy disfrutable, que he usado con otros libros). Ambos me gustaron bastante, pero no son de mis favoritos. Creo que tenía pleno oficio literario, y sobre todo periodístico, así que es un muy buen escritor, pero insisto, muy superado por otros contemporáneos suyos, lo que no impide disfrutarlo, por supuesto...
    Y por último, estoy leyendo otro libro de Paul Auster, porque quería tener un panorama más amplio de él (un solo libro no basta para saberlo). En este caso, "La invención de la soledad", que no es verdadera ficción, sino un relato biográfico de su padre y otra obra casi de reflexiones libres (lo integran dos obras). Y reafirmo lo que dije antes: es bueno, pero no tanto como me habían dicho varias personas, y para serte sincero, los autores latinoamericanos son muy superiores en el manejo del estilo. Me falta muy poco para terminarlo.
    Un abrazo, y qué gusto leerte de nuevo. amigo Daniel.

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  25. Es cierto Pingüíno, no es hija de Vicente, se me enredaron las ideas.
    Sobre el tema de las mujeres que elijen a ese tipo de parejas, pues es otra expresión del machismo tan enquistado en México, como señalas.
    "Los albañiles" me gustó bastante también, y he leído otros relatos de Leñero, anécdotas más que nada; cuenta cosas interesantes y me parece un muy buen prosista.
    Saludos y seguimos en contacto, estimado Pingüíno.

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  26. Perfecto, amigo Daniel, será un gusto, como siempre.
    Un abrazo.

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  27. Hola Pingüino, ¿estás al tanto del escándalo por el artículo de Nicolás Alvarado sobre Juan Gabriel, y luego su renuncia? ¿Qué opinas? ¿Crees que Alvarado es un discriminador clasista redomado, lo que quizá justificaría su renuncia a TVUNAM? ¿O hay quizá una intención irónica cuando usó términos como “clasismo” y “naco” y la interpretación indignada parte de una lectura algo simplona del artículo y de que a muchos no les gusta que alguien critique algo en lo que hay un gusto dizque unánime? ¿Tú sí verías clasismo (término un tanto vago) en el hecho de decir que lo que les gusta a las “clases populares” (otro concepto vago) te parece de mala calidad? Saludos.

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  28. Amigo Daniel:

    Sabía todo, excepto que Alvarado había renunciado. Curiosamente había estado dándole vueltas al asunto en mi cabeza, y te respondería que pienso que es de esos asuntos en los que ambas cosas (las opciones que señalas) son verdad. Me explico: partiría diciendo que me parece absolutamente insólito que Alvarado haya sido director del canal televisivo de la institución educativa más importante de Hispanoamérica. Es un cargo que requiere una preparación mucho mayor, un perfil inmensamente más serio y profesional. Alvarado es una especie de farandulero de la cultura. Al parecer tiene la peregrina idea de que eso es “modernizar” la cultura, lo cual es una estupidez monumental, así que me alegro por la UNAM (mi queridísima alma mater, además) que no siga en el puesto, y ojalá el nuevo nombramiento cumpla realmente con el nivel necesario para el cargo. Lo que te digo lo prueba precisamente el paupérrimo nivel de su artículo sobre Juan Gabriel. No la conclusión de que es un compositor limitadísimo, que, de hecho, comparto plenamente. Pero nunca dio un argumento realmente sólido, ni musical ni literario, e incluso ciertas frases (hablar de “prosodia”, por ejemplo), muestran que no tiene ni maldita idea de composición, y hablar de lo que no se sabe demuestra no sólo un ego más inflado que la atmósfera, sino una irresponsabilidad indigna de un director de mass media universitario. Su texto es simplón hasta la náusea, y el manejo de la ironía, que es propio de las más elevadas inteligencias, sencillamente no se le da. Que es clasista, incluso él lo acepta. Y que es racista, también, porque el uso del término “naco” (tan obsoleto que parece que Alvarado se perdió en el tiempo junto a McFly) alude a “totonaco”; es decir, a una discriminación hacia lo indígena, lo autóctono, y en su artículo se refiere justo a lo último. El fallido intento del artículo de decir “el problema, entonces, es mío”, no es sino un truco retórico bastante obvio, porque la descalificación siempre es hacia otro, hacia Juan Gabriel y, por extensión, sus escuchas. Ahí está la clave de la pobreza de su artículo: descalifica, no hace crítica. Si comparas su texto con las auténticas críticas de Monsiváis, Ibargüengoitia, Dehesa, etc., que son incluso más despiadadas con lo criticado, podrás ver el abismo de inteligencia, reflexión y argumentos que tienen respecto a Alvarado. Así, una descalificación puede ser incluso acertada (es decir, su contenido), pero no por ello se tratará de un auténtico análisis. Además, como he señalado varias veces, cada vez que alguien le exige a la música popular comercial un nivel que simplemente nunca va a tener, es igual a que alguien se enfurezca porque en una zapatería no vendan chuletas. ¿Quién es el equivocado, un cliente así de perdido o el zapatero? Alvarado exige un nivel imposible en alguien que, de entrada, no pertenece al ámbito del arte verdadero, sino del kitsch. Es decir, Juan Gabriel no engaña a nadie, uno sabe lo que es. Se puede, entonces, hacer la crítica de su nivel, de los medios que lo crean y difunden, y hasta de su público, pero sin ignorar que hablamos de un contexto social limitado y de una lógica diferente, correspondiente. ¿Dijo algo Alvarado al respecto, tocó la calidad de la educación, la política educativa de las derechas del país? Nada. La descalificación no es análisis, sino lo contrario: víscera.

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  29. (continuación)

    Ahora bien, nada de esto impide que también se haya dado una reacción visceral y acrítica de la gente. Pero cabe decir: ¿no te parece que es totalmente esperable, dado el nivel educativo y cultural del país? ¿Pero un director de TV UNAM no debería diferenciarse en eso del común de la gente como para merecer tal cargo? Además, si Alvarado cree en su texto, ¿entonces por qué renuncia?, ¿cómo es que la presión de las redes sociales pueden tan fácilmente con alguien que cree en lo que escribe? No me engaño: no hay tal renuncia, lo echaron. Y eso sí que podría ser criticable, aunque también esperable de una autoridad que no escogerá los líos y las críticas por sostener un empleado.
    Finalmente, es claro que Juan Gabriel era un compositor de pésima calidad (una supuesta “réplica” al texto de Alvarado —de un tal Yuri no sé qué— cae en lo mismo, al mostrar cierto conocimiento técnico de versificación de JuanGa, pero no dice nada del nivel de sus figuras retóricas ni melódicas, por ejemplo, lo que es una omisión incluso peor, que sólo deja en evidencia el pésimo nivel de la crítica en México), pero para exponer eso hay que acudir a argumentos musicales y literarios, exponer contextos sociales si se quiere abarcar al personaje mismo, pero los adjetivos de Alvarado, fáciles, torpes y sin sus correspondientes demostraciones, no hacen crítica, sino ocurrencia, escrita con “humorcito” fallido, estilo farandulero, que ni siquiera supo defender al renunciar si no lo echaron, o al callar si lo echaron, y que es indigna de un director de TV UNAM. Entonces, se puede ser discriminatorio o no al criticar los gustos populares, porque depende de lo que se diga, no del tema. Y por cierto, la "unanimidad" que el texto de Alvarado señala por supuesto no es tal. Te aseguro que el sector mejor educado de la población del país no gusta de JuanGa salvo como "placer culpable", así que esa excepcionalidad que asume Alvarado es francamente ridícula. Que la magnitud de la incultura en México provoque que ese sector sea pequeño es otra cosa, pero no tanto como para esa actitud patética de "soy único".
    Un abrazo.

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