Letra: José Cruz.
Música e intérprete: Real de Catorce.
Disco: Mis amigos muertos.
¿Fue el amor, o polvo en los ojos?
Esa noche yo no hacía nada,
volaba hablando con las nubes blancas,
en los linderos de una luna más.
Numeré las estrellas nuevas;
no noté que una se apagaba.
Dime que te amó la noche,
que no dudaste ni dos minutos,
que no estaba el agua helada,
que reíste para ti,
que una flor siguió tu sombra,
que soñaste cuando niña,
que nadabas y flotabas,
que llegaste a salvo al fin.
¿Fue vivir a mil por hora,
o esa forma de cruzar el fuego?
Dejaste cartas y nudos de nostalgia.
Pienso en tu alma corriendo calle abajo.
Numeré las estrellas nuevas;
no noté que una se apagaba.
Dime que te amó la noche,
que no dudaste ni dos minutos,
que no estaba el agua helada,
que reíste para ti,
que una flor siguió tu sombra,
que soñaste cuando niña,
que nadabas y flotabas,
que llegaste a salvo al fin.
Vida mía,
¿qué día es hoy?
Ando solo, mudo y triste,
recordando
tu luz.
Vida mía,
¿qué día es hoy?
Ando solo, mudo y triste,
recordando
tu luz.
Vida mía…
En cine, existe el género del falso documental o mockumentary; es decir, una ficción que se presenta como documental, para obtener veracidad, humor o simplemente para jugar con sus posibilidades. Quizá el más logrado es Zelig de Woody Allen. Bueno, pues también en el rock se ha creado algo similar: la falsa balada, la falsa canción de amor o la falsa canción dulce. El ejemplo clásico es Hotel California de Eagles, una canción sobre el infierno, que más de algún despistado, por estar en inglés, cree que es de amor. En la Nueva Trova Cubana, está el caso de Por quien merece amor de Silvio Rodríguez, una canción de tema totalmente político (la defensa de la ayuda cubana a El Salvador y otros países centroamericanos, para buscar su liberación, dirigida a los Estados Unidos), que también se malinterpreta frecuentemente. En realidad, a diferencia del falso documental cinematográfico (aunque no siempre), en las canciones uno nunca sabe si el autor tiene esa intención, la de jugar con el escucha, o si simplemente ocurre. Los recursos para lograr esto son varios. Los más usuales son, por un lado, hacer que no concuerden la letra y la música (por ejemplo, una música de balada tradicional, pero una letra oscura, maldita), que es el caso de Hotel California. Otro es utilizar el final sorpresivo, que rompe con lo que se ha venido tratando. Como ya dijimos, Eclipse de Pink Floyd sería el mejor ejemplo. Uno más es la ambigüedad, al sostener una alegoría, dando sólo claves oscuras del sentido real de la letra. Este es el caso de Por quien merece amor.
Polvo en los ojos de Real de Catorce corresponde a este último tipo de balada falsa, aunque también posee características del primer ejemplo, la no concordancia entre letra oscura y música suave. Cuando uno escucha por vez primera cualquier canción, se queda con el conjunto, con la suma de la letra, la música y la interpretación vocal. Pero los que ya tenemos la deformación profesional del análisis inmediato, pronto aislamos los elementos, para valorarlos uno a uno. La primera vez que escuché Polvo en los ojos fue en radio, recién salida; y con la grabadora encendida, la obtuve, antes de tener el disco. Debido a esta deformación profesional, la analicé de inmediato, siguiendo el método de análisis literario más básico: el Método por lexías de Roland Barthes, es decir, tomar cada lexía, cada unidad mínima con significado literario, para comprender mejor el fondo primero, y así poder analizar la forma enseguida. Noté que había un campo semántico principal, con los siguientes elementos: “agua helada”, “nadabas”, “flotabas”. Después, otro campo semántico: “una (estrella) se apagaba”, “dime que llegaste a salvo al fin”, “dejaste cartas y nudos de nostalgia” y “ando solo, mudo y triste, recordando tu luz”. Así, concluí que el segundo campo semántico se refería a la pena por una mujer (“soñaste cuando niña”) que se fue, que se ha perdido. Releyendo la letra, añadí: se fue porque está muerta. ¿Cómo se relaciona esto con el otro campo semántico, que habla de agua, de nadar y flotar? Concluí: murió ahogada. Esto, más las otras lexías de la canción me llevaron a interpretar que la rola habla de una mujer que murió ahogada. Pero faltaba algo: el motivo. ¿Accidente, asesinato o suicidio? Había que releer, para buscar una lexía o un campo semántico que lo explicara, o para concluir que el autor decidió no incluir el motivo, una posibilidad muy válida, como ya vimos en Si tuviera un corazón de Arturo Meza. Pero encontré un campo semántico: “¿fue el amor, o polvo en los ojos?”, “¿fue vivir a mil por hora, o esa forma de cruzar el fuego?”, “dime (...) que no dudaste ni dos minutos (...) que reíste para ti”, “que soñaste cuando niña”. Así, uniendo estos elementos queda claro: en las primeras dos lexías, el autor se pregunta por qué lo hizo, qué la llevó a hacerlo. Eso sólo puede preguntárselo si se trata de suicidio. Después, en el resto de las lexías hay un deseo de que haya sido con la suficiente convicción, y que la decisión no haya sido tan dolorosa, tan amarga, incluso apoyada en el recuerdo de los momentos felices de la infancia. Esto también reafirma la idea de suicidio. Bajo todo este análisis, mi interpretación se amplió: se trata de una canción para una mujer que se suicidó, ahogándose. Como la música es una balada, melancólica, pero al fin suave, dulce, se contradecía un poco con una letra tan trágica, así que dejé abierta la posibilidad de que me hubiera equivocado en mis conclusiones.
Luego de unos meses, al fin obtuve el disco Mis amigos muertos. Al leer el sobre del LP para revisar las letras vi que Real de Catorce incluía un epígrafe en Polvo en los ojos, que obviamente no está al alcance del que sólo oye la canción, que dice: “mujer desconocida se suicidó arrojándose al cauce de un río. No se encontraron rastros de violencia…”. Más allá del lógico y casi inevitable orgullo ególatra de comprobar la eficacia de mi interpretación, me alegró saber lo acertado del método de Roland Barthes, porque así su aplicación me permitiría comprender mejor las canciones complejas, que requieren un esfuerzo de esa naturaleza. Eso me ha permitido valorar el manejo formal, estilístico, literario de los buenos compositores del rock mexicano.
Además de confirmar mi interpretación, el epígrafe del disco me permitió saber que la mujer era desconocida, y que, por lo tanto, sólo inspiró la canción, y que no se trataba de una vivencia directa. Pero eso no tiene importancia en realidad. Lo qué sí importa es que comprobé que la suavidad de la música de Polvo en los ojos, que incluye un dúo de guitarras eléctricas de una tibieza magistral, se explica si uno la entiende como balada falsa. Pero nunca se trata de falsedad completa: el sentimiento de ternura hacia la mujer suicida es totalmente sincero, porque en realidad esa mujer representa todo dolor humano extremo. Así, José Cruz se conmueve con el destino trágico de la mujer que, además, nadie reconoció; y al conmoverse, nos conmueve a nosotros, porque conocemos la experiencia del dolor. De esta manera, Polvo en los ojos tiene toques de balada falsa porque su maravilloso estilo poético logra una elipsis impecable, que enriquece su nivel literario, y eso provoca una sorpresa cuando entendemos su sentido real trágico en medio de una música tan dulce. Pero son sólo toques de balada falsa, porque ese dolor, narrado con figuras retóricas de tal delicadeza, sí conmueve profundamente, y al final sí hay coherencia con la sutileza de la melodía y del arreglo.
Sin duda alguna, Polvo en los ojos es una de las letras más hermosas de José Cruz, y, además, una de las cumbres de su nivel poético.